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martes, 1 de agosto de 2017

Crónica de la reunión del mes de julio en la Sociedad de Plateros

UN NO CUALQUIER 27 DE JULIO

Espero no osar, al hacer de sustituto de Osado, que hacer dicha cosa sería emularlo. No pretendo, Sólo intento hacer lo mejor que se una aportación al grupo sobre lo que aconteció ayer.

Y llegó el 27 de julio, con su calorcito y todo, creyendo que íbamos a ir menguados, por los anuncios de imposibilidad de asistencia, y por la separación de algunos, pero, ¡qué va! Allí se presentó nuestro reportero gráfico Carlos Samaniego, a pesar de que había anunciado que no, con cámara en ristre, y nuestro amigo Sepúlveda, que venía de La Alpujarra, acompañado de Antonio Luna y Compañeras.

Un día en el que habían anunciado su presencia cinco Damas, aunque el final fueron cuatro las que complementaron nuestra habitual mesa de hombres, y a las que las ya mencionadas, se sumaron la compañera de Paco Sánchez y de nuestro querido Andrés Luna.


La cosa comenzaba esperando porque los más tempraneros se encontraron "Plateros" cerrado. Algunos habíamos madrugado más que el tabernero. Tan pronto nos abrieron las puertas, al igual que tropel, invadimos el local presurosos.

Nuestras primeras miradas para la "vitrina", no sólo para ver lo que ya había, por parte de quien no la había visto, sino para hacer las aportaciones que llevaban, tanto Antonio Luna, Rafael Vilas, como Manolo Sepúlveda.

Y a sentarnos en la mesa a degustar, en primer lugar los caldos, etc., a lo que no tardaron en llegar los famosos bocatas de atún, jamón, calamares, ah! y por supuesto las verduras con guarnición de gambas con gabardina. Y lo más importante, nuestras conversaciones de vivencias, antiguas, diarias, viajes, etc., etc.


Transcurriendo el tiempo, muy temprano también se nos presentó, aunque en su convalecencia, en la bicicleta, "El Volaor"

Continuamos con nuestras distintas degustaciones, tanto de comida como de bebida y conversacionales, hasta que poco a poco se fueron produciendo las despedidas de cada cual, cantando bajito hasta sus destinos oportunos, lo que no quiere decir que fuese a casa.

¡Hasta la próxima!

Córdoba, 27 de julio de 2017
Paco Nieto

lunes, 3 de julio de 2017

CRONICA DE LA REUNION DE LOS VICARIANOS CORDOBESES

EN NUESTRA SEDE DE LA SOCIEDAD DE PLATEROS


Córdoba, 29 de junio de 2.017

Afortunadamente la tarde resultaba fresquita. La calor había surcado, aguas abajo, por nuestro “río caudaloso”.

A eso de las 20 horas, un coche, se detuvo frente al Potro. Penosamente pero alegre, salió un “joven” (ya no estaba inclinado hacia adelante) apoyado en un bastón. Allí había quedado con él.

−No se lo digas nada a nadie, quiero ir a la reunión, pero que sea una sorpresa –me dijo Antonio Martínez, el día anterior.

Me dio mucha alegría verlo y comprobar su fuerza y deseos de estar con los amigos. Como fiel lazarillo, tendiendo cuidado de que no tropezara con las grandes planchas graníticas que pavimentan los alrededores del Potro, fuimos desgranando los pormenores de su recuperación, hasta que llegamos a Plateros.

Menudo recibimiento dispensaron a Antonio Martínez, todos los allí ya congregados. Nos habían preparado una habitación para nosotros solos: la que está situada a la derecha del salón. No era para menos, pues desde ese día, iba a convertirse en nuestra Sede Vicariana.

Rápidamente, tras un breve calentamiento de la “sin hueso”, nos pusimos manos a la obra. ¡Que alegría daba ver aquellas caras! ¡Como niños con zapatos nuevos! Esta vez no teníamos espectadores, que se quedaran pasmados, al ver tanto ímpetu. 

La primera ronda de bebida fue muy bien servida por nuestro, poco habitual, amigo camarero. Sí, en esta ocasión nos tocó, el insigne hombre de la triste figura. Todo iba a pedir de boca pues con su lápiz en ristre, iba anotando lo que cada uno deseaba y así lo sirvió. Lo malo fue cuando nuestros estómagos comenzaron a dar señales de advertencia. Como nos pasa siempre, con nuestras conversaciones nos habíamos olvidado de lo más importante: de los camarales, el atún y los platos de ensaladas con acompañamiento de gambas rebozadas. Nuestro, sin par, amigo camarero, desde ahora lo llamaré Juan, se aprestó a mostrar sus armas. Pero esta vez observé que su rostro había cambiado. Su natural apariencia, tornó hacia el congojo (eso que llamanos… con los… al cuello) Al verle así de “mudado”, y comprobar que su letra más bien se parecía a los jeroglíficos o escritura del Al-Ándalus, le pregunté qué le pasaba.

Estoy sólo y no puedo con todo, me estoy liando –fueron sus palabras, expresadas con un tono lacónico.

−Andrés, por qué no le echamos una mano –dijo Manolo M. Medrán, que estaba al quite.

A nuestra pregunta de si le podíamos ayudar, Juan, como haba tostada, de un brinco, nos cedió los trastes. Así lo hicimos y tomando nota de todo, se la entregamos. Poco a poco, como pudo y con algo de ayuda, nos sentimos servidos. Juan había cumplido.

Afortunadamente, Jenny, se presentó. Traía en sus manos el libro, de nuestros cantos religiosos “Cantoral Gregoriano Popular” y dos fotos en las que aparecía Andrés, que muy amablemente cedió. Fue un momento muy emotivo, aparte de alegre por encontrarse entre nosotros. Pero aún se elevó el clima de sensaciones, cuando con la presencia de su hijo Andrés, inauguramos la vitrina que, alguien anónimo, había cedido para que se constituyera en el “Arca Vicariana de los Recuerdos”. Pues bien, entre Jenny y Andrés, sabedores de la solemnidad de lo que en esos momentos se estaba realizando, abrieron la puertecita e introdujeron, con unas conmovedoras muestras de cariño, el libro y las fotos. Así quedó formalizada nuestra Sede. Ahora sólo queda ir llenándola con nuestros sentimientos, hechos realidad. Desde aquí, nuestro agradecimiento a esa persona anónima y a la voluntariedad y eficacia de nuestro Manolo Sepúlveda. Todo quedó con un sincero aplauso, interiorizando un recuerdo muy especial hacia Andrés, al que sentimos allí presente, al igual que hacia todos los que constituimos este gran grupo de vicarianos.

“En la Sociedad de Plateros, de la calle San Francisco, de nuestra ciudad de Córdoba, el día 29 de junio de 2017, festividad de los Santos Pedro y Pablo, quedó constituida nuestra Sede Vicariana y en prueba de ello y conocimiento de toda la Humanidad, quedó instalada una Vitrina de Recuerdos”

Fuera de nuestro habitual sentido de lo jocoso, fue un momento muy entrañable, del que espero haberlo mostrado en tan pocas letras. 

Como toda puerta tiene llaves, llegó el momento de formalización del guardián de las mismas: Manolo Sepúlveda, entregó una a Antonio, el dueño de Plateros. La otra se la entregó a Carlitos. Este, con buen criterio y celeridad (al igual que para hacer el reportaje fotográfico) se la entregó a Pacomo (buen guardián por cierto) La cuestión era bien sencilla, su voz y su corpulencia, daban suficientes muestras como para ser un eficaz “Guardián del Arca”. Pensó, además, que al vivir tan cerca, no la perdería de vista (bueno, esto me lo he inventado. Lo cierto es que al estar cerca, cualquiera que quiera llevar algo para guardarlo, lo pilla muy cerquita) Yo pienso: Paco Sánchez será el Pontífice de la pasta, pero el que realmente tiene las llaves es Pacomo. ¡Ahí es ná! ¡Otra bicefalia!

Es de agradecer la presencia de los allí reunidos, pero quiero hacer mención especial a la de Rafael Raya, Paco Molina y como no, a la de Antonio Martínez (bueno y si me pongo yo, ya somos “los tres margaritos”) Gracias a todos.

Como siempre, poquito a poco o “des-pa-ci-to” empezaron a sonar los abrazos, besos y el hasta luego. Bueno, menos para los que no tienen arreglo. Esos adictos en trasnochar. ¡Y esta vez fuimos más!

Nos fuimos a la Barbería, no a que Pacomo nos cortara el pelo, sino a apurar un ratito más el tiempo. ¡Y qué bien nos recibieron! Un alegre camarero (como debe ser) hasta nos tomó como a un grupo de amigos que estábamos celebrando una despedida de solteros. ¡Ole y ole por el chaval! La verdad es que dábamos el pego, o más bien nos tomó el pelo (por aquello de la barbería) Echamos un buen ratito y esta vez sí. Nos fuimos. 

No pongo el nombre de los asistentes, ya que con las fotos se puede ver perfectamente quienes éramos. 

Gracias Carlitos y Pacomo por las fotos.

Que tengamos todos mucha salud. Un abrazo
Andrés Osado (2 de julio de 2017)

jueves, 29 de junio de 2017

Felicidades

Oídme muchachos:

Como no estoy en el grupo grande del wassapt, quiero, desde este medio que tan bien domino, felicitar por su onomástica a todos nuestros Pedros y Pablos, que yo recuerde, así a bote pronto: don Pedro Antonio, Pedro Calle, Pedro Urbano, Pedro Soldado, Pablo Bosch... No me sale ninguno más, pero si lo hubiere que se dé por aludido. José Pablo Pérez Pareja no vale, él lo celebra en san José.

Saludos y abrazos para todos.

miércoles, 14 de junio de 2017

Las veinticuatro horas de Conil

ESTA VEZ NO FUE A POR TOMATES, SINO A LAS VEINTICUATRO HORAS DE CONIL DE LA FRONTERA


− ¡Cariño, prepárate, hoy te voy a llevar a ver a mi amigo Rafa Raya!

Fargo, que así era su nombre, se preparó en un visto y no visto. En realidad, ella siempre estaba preparada, anteponiéndose a las inesperadas ocurrencias de su inseparable pareja. Esta vez no iba a ser distinta. Aún recordaba, no hacía mucho tiempo de ello, su aventura con los tomates.

A las seis de la mañana, estaba toda acicalada en la puerta de la casa sonriente y feliz. Su compañero, abrió la puerta y se sentó: era un apuesto caballero de alegre sonrisa y larga coleta, algo cansada ya por el tiempo, que temerosa se ocultaba, bajo un sombrero de estilo borsalino, aderezado con cinta negra, la que le confería un alto estado de nobleza palmeral. Enseguida, con suavidad, accionó la llave de contacto y Fargo, rugiendo toda contenta, se puso en camino.

− ¡Vamos niña, no te entretengas, que hoy tenemos un buen trayecto que recorrer!

Inesperadamente, cuando ya llevaban unos cuatrocientos kilómetros recorridos, Fargo, se sintió indispuesta. Tanto es así que le fue imposible continuar la marcha. La tristeza embargó a Miguel, que así se llamaba su incansable compañero… percátense que he dicho tristeza y desánimo. Enseguida llamó a las asistencias y tras adjudicarle otro vehículo, mientras llevaban a Fargo al hospital de urgencias, se dirigió a su punto de partida. Lejos de desistir en su empeño regresó, Miguel, a su casa. Allí, triste y apesadumbrado, estaba su otro compañero. Al verlo, una mueca de sorpresa invadió su carrocería (nunca mejor dicho. No se trata de una metáfora, sino de su natural apariencia)

− ¡Adelante, Segundina, hoy saldremos tú y yo! (el nombre está claro, siempre lo utilizaba como segundo plato, cuando le faltaba la que más estimaba. Pudo haberla llamado Mercedes, pero ya se sabe, en cuestión de amores…) hoy vamos para Cai!

Segundina estaba ya acostumbrada. Aceptaba con resignación lo que su nombre suponía. Por eso no preguntó el por qué de esa repentina situación. Diligentemente obedeció y se puso en camino.

Miguel, como si tal cosa, emprendió nuevamente la marcha, en dirección oeste. A él no le importaban los kilómetros. Entre música, pensamientos, canciones y más kilómetros (casi mil) el cansancio fue haciendo mella en nuestros amigos. Pararon en una gasolinera, ya próxima a Sevilla, y preguntaron a un dependiente:

− ¿Amigo, sabe usted de un hotelito donde pasar la noche?

− Creo que lo más interesante para usted es que se ponga, cómodamente, en el asiento trasero de su compañera y trate de dormir esta noche, lo mejor posible. Por aquí no va a encontrar otra cosa – le contesto el dependiente.

Dicho y hecho, hubiera preferido a Fargo, pero a falta de pa…

Miguel se acopló como pudo y durmió durante toda la noche. El cansancio pudo con él y los primeros rayos de sol, le dieron la señal para emprender nuevamente el camino.

Casi llegados a Sevilla y comprobando que Rafa debía dormir plácidamente (el móvil daba señal de apagado) empezó a dudar por donde tirar para tomar la autopista hasta Cai. Después de unas cuantas vueltas y revueltas (algo natural en sus viajes, ya que de camino le servía para visitar la ciudad) tomó la correcta decisión:

− ¿Por dónde tiramos ahora Segundina?

Ella, encogiéndose de hombros, no supo qué responder. No llevaba navegador alguno como para satisfacer los deseos de su amigo.

− Para un segundo, Segundina, en esta esquina y le preguntaremos a esta señorita tan guapa –dijo inesperadamente Miguel.

− Por favor, señorita, ¿puede indicarnos el camino para tomar la autopista hacia Cádiz?

La guapa sevillana, muy diligentemente, le explicó todos los pormenores de la dirección a tomar. Pero, tras un breve silencio, les dijo:

− Yo voy para allá y os puedo dejar muy cerquita, para que no os perdáis (quizás tuvo que verles la cara de despistados y tuvo compasión de ellos) 

Miguel muy diligentemente se montó en Segundina y dándole al contacto, ésta no reaccionó.

− ¡Cachis en diez (creo que dijo otra cosa) por lo que más quieras, no me dejes tirado como Fargo!

Pero Segundina no “interactuaba” (o sea, que se caló). Tras varios intentos logró poner todos sus sentidos en funcionamiento, pero… ¡mire usted por dónde, la voluntariosa sevillana se había pirado! ¡Se había pirado!

Menos mal que nuestro querido Miguel, recordó lo indicado por la chica y logró llegar a la autopista.

Tras unos kilómetros, se paró en la primera gasolinera y pudo establecer comunicación con Rafa. Unas explicaciones bastaron para aclarar y despejar las dudas.

Vuelta a la carretera, pero después de muchos kilómetros y no encontrando a ninguno de sus amigos Guardia Civiles ( no para preguntarles por los tomates, sino para que le ayudaran, porque se encontraba totalmente perdido) Nuevamente parada y llamada.

− ¡Pero Miguel, te había dicho en la salida doce y vas por la cuarenta! –fueron las palabras de Rafa. 

Tras otra explicación, vuelta atrás y esta vez, sí pudo llegar, no a tiempo, sino… llegar. ¡Uf! Había salido el lunes, día 12, a las siete de la mañana y llegó a Conil sobre las 10 horas del día siguiente. (recuerdo que un tío mío tardaba más o menos eso, en llegar desde Holanda a Sevilla) Lo importante es que… ¡llegó!

Estas fueron las nobles andanzas de ese hidalgo caballero, que no de la triste figura.

De tristeza nada, hasta se la pudo quitar a nuestro entrañable Rafa Raya. Vean si no, lo alegres que se quedaron con el encuentro.

¡Grande Miguel!

Un abrazo a todos y cuidaos.

Andrés Osado, 14 de junio de 2017
(día de la operación de Antonio Martínez)

viernes, 26 de mayo de 2017

Te cuento Andrés

HOY SIMPLEMENTE VOY A PONER ESTE TITULO, QUE RESUME TODO:

EN LA SOCIEDAD DE PLATEROS, NUESTRA SEDE

Córdoba, 18 de mayo de 2017

Hola Andrés, hoy ha sido un día grande.

La sociedad de Plateros, la de tu calle San Francisco, ha relucido más que el sol. Esa taberna que, unas veces fue “Posada del Laurel” y otras “El Castillo del Terror”. Esa que, hoy, la hemos convertido en “Templo de la Amistad”: remanso de paz, ese atardecer del abril cordobés, donde rememorar esperanzas. Esa, a la que tú tanto empeño has puesto SIEMPRE.

Si, Andrés, porque hoy hemos estado todos juntos: los del Teleclub, tus amigos (ahora igualmente nuestros) y nosotros, esos niños traviesos de Santa María de los Ángeles. Jenny, con su presencia, su valentía y sus muestras de cariño, realzó aún más la velada. De una forma u otra, todos, estaban allí, como una piña. Ya sabes, no hace falta la presencia física para notar el amor que derrochamos entre todos. “Algo grande voló, entre aquellas cuatro paredes”

Quiero dejar patente y reconocer el esfuerzo que realizaron, Ana Mari y Manolo Sepúlveda. Prepararon el encuentro de tal manera y maestría, que ni el mejor cáterin lo habría conseguido. Fijate, que hasta hubo “caramales” pero si pan… con palillos, como exigía la etiqueta. Eso si, el plato de lechuga con guarnición de gambas rebozadas, para nuestros Antonio Gómez y Paco Sánchez, se pospuso para otra ocasión (creo que por falta de existencias) Bueno… esa vez dejaron el régimen para otro día.

¡Qué buen saque teníamos todos, los de uno y otro lado! Observando la animación de sus conversaciones, y su buen quehacer delante de esas riquísimas y variadas raciones, recordé que, antes… allá por los años 75 (en el bar San Francisco) las tertulias eran más sobrias… “sólo vino” ¡menudas cogorzas pillábamos! Menos mal que Ana Mari y Manolo han tenido buen salero y han sabido adaptarse a los tiempos. ¡Bravo por ellos! Y bravo por nosotros, ya que de lo contrario, esa noche, hubiéramos dormido en “el cuartelillo” por altercado público. 


Pero fíjate, pasó una cosa, aún más curiosa. Conforme fuimos entablando conversación, como Córdoba es tan pequeña, resultó que tu fiel y servidor amigo “El Catalán” Rafa, nos habíamos conocido, como vecinos de la Urbanización de la calle La Esperanza y Plaza de la Alegría, allá por mediados el año 80. Incluso sus hijos fueron amigos de alguno de los nuestros. Verdaderamente nuestro mundo, es pequeño. Las relaciones interpersonales tienen ramificaciones muy amplias. Y tú, el nexo de unión. Hasta un compañero de tu trabajo tiene relación con “el Niño de los Angeles” ¡Es que no se pué aguantá, tanta coincidencia! 

Como otras veces te he dicho, aunque no te guste que se hable de ti, elogiándote, en esta ocasión vas a volver a aguantarte, porque no te voy a hacer caso. El poso que has dejado entre todos nosotros es denso y radiante. No faltó un solo minuto de todas las conversaciones, que no giraran en torno a tu persona. Verdaderamente has dejado una buena consigna: amor, entrega y servicio hacia los demás. ¡Tu, siempre por delante, amigo! ¡El primero en dar ejemplo!

Pero para mí, hubo un momento muy entrañable. Vas a perdonar, si esta vez me refiero a mí. Ese tuvo lugar frente al otro San Francisco, el de la iglesia. Allí tuve el inmenso honor y placer de abrazar a tus dos grandes amores: Gisela y Jenny. Una fuerte emoción, o como dicen ahora nuestros jóvenes… tuve un buen subidón de alegría.

Es que no faltó nadie. Quizás noté la ausencia del municipal que te multó, allá por la Mezquita, cuando conducías esa “moto-bus” cargada de amigos, hasta los topes (ya no se si eran cinco o seis los ocupantes) 

¡Buena velada pasamos! Esta vez el posadero, Antonio, con sus alegres y serviciales amigos (que ya no camareros) se portaron de maravilla. No hubo problema alguno. Todo perfecto, hasta las cuentas.

¡Ah!... hablando de cuentas. Por parte de Ana Mari, no hubo problema alguno. En un periquete, como no podía ser menos, por parte de una profesional del pecunio, quedó resuelta la aportación de su grupo. Pero no fue así, por parte del otro, el de los curillas. Se nota que somos de letras. Casi una hora para poner de acuerdo a tanto “letrado” Menos mal que teníamos a nuestro Antonio Gómez: remangándose un poco la chaqueta y en sólo dos palabras determinó, con gran maestría, la forma de proceder. Dicho y hecho, en un santiamén “deo gratias” Manolo se encaminó hacia Ana Mari, para presentarle sus respetos y lo fundamental, el parné. Todo resuelto.

Y terminado esto, se fueron produciendo, lentamente, las despedidas.

Tal vez, en esta ocasión, esta crónica, no sea muy fidedigna. Que me haya saltado acontecimientos (aún no tengo el don de la ubicuidad) dignos de haber sido realzados, pero ya sé que tú me vas a decir lo de: “Gran cronista, como siempre, Tocayo”. Carlitos, como siempre ha puesto la guinda, con sus fotos y Rafa Vilas, la maestría de la maquetación.

Por cierto, camino de Plateros, coincidí con MAM (Aranda Madueño) en el autobús. Va tirando para adelante.

No voy a poner los nombres de todos, pues sería muy largo. Decirte, que fuimos unos cincuenta.

Hasta luego, tocayo.