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lunes, 14 de mayo de 2018

Regreso a los santos lugares

Los Santos lugares

Manque resulte cursi viniendo de un ateo confeso, proclamo a voz en grito lo agradecido que estoy a Dios y a mi sino por haber sido favorecido con una vida de privilegio. Y entre las prebendas concedidas -pocas pero muy valiosas, léanse si no, familia, amigos y mi picante sentido del humor- no ha sido menor, ni mucho menos, la contingencia única de que pasara por mi pueblo, conducido por don Juan el párroco, aquel venturoso tren de la ilusión cargado de futuro que, aupado en él, me alejara de las penurias del campo y me ofreciera una oportunidad en la vida, el tren bendito e imaginario que me transportó desde Palenciana hasta el seminario. Aquí el nene contaba a la sazón con once años.

Abandonado por una indisposición catarral de la Peque y desahuciado mi móvil por falta de cobertura en estas sierras inhóspitas, camino solo y anonadado por estos lares tan familiares. Mucha gente ya ha llegado, casi puedo escuchar en la distancia el murmullo de su algarabía. Son los de Córdoba que han venido en un microbús, y otros compañeros que han dejado sus coches en el llano del pozo. Yo he obrado igual, he aparcado pegado al carril, y hago a pie los últimos kilómetros hasta nuestro antiguo cenobio, el camino que hemos recorrido saltando, corriendo y trotando cientos de veces cuando éramos chaveas.

Ahora, no; ahora, despacito, no vaya a ser que... En la soledad de este sendero, acompañado por el susurro de las hojas y el trinar de los pajarillos, me he emocionado. No es para menos. El campo está inmenso de bonito y de exuberante. El día más esplendoroso de toda la primavera. ¡Qué espesura, qué frondosidad, cuánta variedad de florecillas, margaritas, campanillas, jaras, amapolas, nardos, lirios silvestres!... Y se me agolpan tantos momentos dichosos bajando a la carrera por esta carreterucha de chinos, enlazado por los hombros con mis amigos para llegar los primeros a la merienda de higos secos. De cuando en cuando me detengo para adentrarme en el monte por ver si hay hozaduras de jabalíes, y me acojono un poco. Me distraigo al momento expurgando en las esparragueras. Pero me acuerdo de las víboras, estamos en mayo, y me retiro rápido. Camino enteramente a mi solaz, sin prisa ni nadie que me la meta. Y contemplando con frenesí tanta encina majestuosa, tanto acebuche, madroño, almezo, lentisco... tan rica y variada flora, uno se pregunta en solitario cómo nuestros curas y profesores no insistieron mucho más en nuestra formación en ciencias naturales, que es lo que aquí abunda y rebosa. Eran otros tiempos, claro, y las asignaturas estrella eran el latín, las matemáticas y la lengua. Bien está.

El seminario ahora está presentable; ruinoso aún, pero visitable. La Iglesia de Córdoba lo está reformando, algo de mucho agradecer. En anteriores visitas lo pasábamos mal por lo penoso de su abandono. Aquella fue nuestra casa durante cuatro años tiernos de nuestra adolescencia, y nos escuecen como en carne propia sus escombros, sus grietas y fracturas, la visión lastimosa de fortaleza derrotada. Y me voy encontrando ya con la gente. Primeras fotos en la piscina; algunos han llegado hasta el "Salto del fraile", lugar pintoresco y peligroso de acotar desde donde la vista del Bembézar es sobrecogedora; otros han bajado a lo que queda de huerta; otros, en fin, merodeamos por el estudio, los dormitorios, el comedor, la capilla, los patios... Manolo Jurado ya se ha aprendido y anotado los nombres de cada uno de los dormitorios, es el referente de nuestra memoria histórica particular. Las mujeres alucinan viendo nuestra devoción por sitio tan bello, pero tan extravagante y perdido del mundo. En éstas que estaba yo haciendo como que ligaba con unas jovencitas que habían hecho el camino desde el embarcadero, por su cuenta, y les explicaba nuestra historia aquí y la continuidad en nuestra amistad después de tantísimos años, y ellas, encantadas conmigo y mi relato, cuando llega el Ginés que, más guapo y apuesto que yo, me quita todo el protagonismo, el tío matao.

Nos rejuntamos la mayoría en la entrada principal y tomamos camino de la Cruz, otro lugar emblemático de nuestros años aquí. En todo lo alto de ella, fotos de rigor. Los más atrevidos bajaron a la "Fuente de los tres caños", a beber del caño de la salud, del amor y de la vida. Un agua deliciosa. En el camino de vuelta al seminario empiezan ya los cánticos regionales, cuando aún ni habíamos catado la cerveza. Las mujeres disfrutaron de nuestro coro polifónico oyendo los sones desafinados de "Los gallos cantan al día" y de "La vieja llora y suspira". Y ya, caminata de vuelta hasta los coches.

Durante el almuerzo en el restaurante tuvieron lugar varios solemnes actos ya acostumbrados: primero, un amplio grupo de añosos y leales novicios fuimos entronizados en el seno de la muy noble orden de los vicarianos, ceremonia siempre oficiada por el sumo sacerdote don Francisco Sánchez, "El Leñero" y por su asistente, don Manuel Sepúlveda. Luego, nuestro magnánimo artista don Manuel Casimiro Gómez, hizo entrega de sendos regalos de cuadros pintados por él a algunos de los presentes que por faltar a la anterior reunión se habían quedado huérfanos de los mismos. Y siempre a la cámara, don Carlitos Samaniego y don Rafa Vilas.

Y luego de los postres, ya el remate, lo de siempre, el desenfreno. En la tercera fase de la embriaguez, como buenos ex seminaristas, nos saltamos el punto de insultos al clero y nos quedamos en lo de los cánticos regionales. Cantamos y bailamos, primero nuestro himno de "Amigos para siempre", y luego, un popurrí made in seminario, divertidísimo. Los animadores principales de tal cotarro han sido, como viene siendo costumbre, Rafa Vilas -que está en todas-, Pacomo -otro que tal baila-, Mateo Calero, Paco Molina Pavón, Manolo Sepúlveda, Manolo Roldán y yo mesmo. Cómo no sería la cosa de divertida que de pronto descubro con sorpresa que el Luna y Agustín están canturreando a mi lado, ellos, ambos dos, que siempre han tenido una oreja enfrente de la otra...

En fin, una jornada más de amistad y de nostalgia de aquellos años irrepetibles, celebrada a propósito en el primer aniversario de la muerte de nuestro llorado Andrés, y esta vez en el sitio incomparable de nuestros santos lugares. Donde él, sin duda, hubiera querido.

Hasta la próxima, amigos.

El Fili


jueves, 10 de mayo de 2018

Para brindar por ti, Andrés

...Pasan los años


….Pasan los años, la vida ya no es más que un sonámbulo, que se va adentrando en la noche y la noche está sin ti...

No es mío, ¡que más quisiera!, es una letra de Luís Eduardo Aute, y además es una canción de amor o desamor, pero no sé porqué, cuando me puse a escribir esta crónica, se me vino a la cabeza y tras un momento de duda, acerca de la conveniencia o no de la cita, pensé... -y qué sino amor, es lo que se siente cuando se comparten alegrías y penas, risas y lágrimas, silencios y charlas, sí, definitivamente me apropio, con el permiso tácito de Don Luís, de la primera estrofa de su canción -Sin ti-, para hablar de Andrés, porque él, es el leitmotiv de esta convivencia.

Convivencia que poco antes de las ocho de la tarde comenzó en los aledaños de la iglesia de San Francisco, unos sentados en Los Tres Califas, otros a la puerta de la iglesia. Llegamos de diferentes lugares, los de aquí tenemos menos mérito, los de fuera sí que lo tienen.

A las ocho comenzó la misa, en el altar mayor de la iglesia, concelebrada por el párroco y por otro sacerdote muy unido a Andrés por el tema del “teleclub”.

En la primera bancada Jenny, Andrés y familiares y apoyando nosotros, sus amigos, los del “teleclub” y los del grupo de “los curillas”

En la homilía, el sacerdote condensó los aspectos de la vida de Andrés, que nos hacían partícipes de ese amor que citaba al principio, y en torno a él nos reunimos a recordar el año transcurrido desde que Andrés se fue.

Al final, antes del “ite misa est”, Manolo Muñoz Medrán, leyó unas elegías escritas por Andrés Osado Gracia y por mi, luego, fuimos abandonando el templo y continuaron los saludos en el exterior del templo.

Haciendo gala de esos dichos, que recomiendan beber vino en estas circunstancias, nos encaminamos a Plateros, nuestra sede oficial, para brindar “in memoriam” de nuestro amigo Andrés, al que imagino sentado a mi lado y seguro que reiría cuando yo dijese... -Andrés, vamos a brindar a la salud del difunto...-

De la convivencia en Plateros poco puedo decir, porque tuve que ausentarme pronto, solo que estábamos sus amigos, los que pudimos hacerlo, otros no pudieron por diversas circunstancias, pero que estaban allí, con nosotros..., como Andrés,  tautológicamente, of course.

Antonio Martínez Rangel
Córdoba, 8 de mayo de 2018

sábado, 28 de abril de 2018

Documentos, fotos y vídeos del XXV Encuentro en Priego de Córdoba

Materiales del XXV Encuentro en Priego

¡¡VÍDEOS, NOVEDAD!!


CRÓNICA DE LA REUNIÓN DE LOS VICARIANOS CORDOBESES

EN NUESTRA SEDE DE LA SOCIEDAD DE PLATEROS

Córdoba, 26 de abril de 2.018

Como suele decirse en otros ambientes… ”estaba casi todo el papel vendido” Mis felicitaciones a aquellos que venían de más lejos (Manolo Sepúlveda y Rafa Raya (salvo que mi neurona de falle) . Ciertamente, se demuestra que, tenemos ganas de vernos. No fue suficiente con lo de Priego de Córdoba. Por lo menos el volumen de nuestras conversaciones, lo certificaba. Yo estoy hoy un poco ronco, al tener que solicitar atención, cuando debía abordarse algún tema interesante. Ya no vale lo de “tiene la palabra el diputado por…” Diego aconsejaba crear un Parlamento nuevo. Yo soy más drástico: un tapón en la boca a cada uno, al entrar y sólo “destapar” al que pida la palabra. Algo habrá que hacer. Vayan ustedes pensando para la próxima cita.

Por cierto, hablando de cita, la próxima será el último jueves de mayo, día 31, para empezar a comer a las 14 horas, en la Sede. O sea que es al medio día. Paco Nieto ya nos comunicará lo que nos preparará. 

Para todos supuso una gran alegría el encontrarnos con otro nuevo miembro, al que le dimos nuestra más sincera acogida: Juan Villén Lucena, del curso 63-64. Pero, causó más alegría y emoción, la presencia de Paco Contreras, ya recuperado de la enfermedad que lo tenía alejado, presencialmente, de nuestro círculo. Brindamos por ello y le felicitamos. 

También brindamos por la próxima nieta, Paula, que va a tener nuestro amigo Antonio Gómez Ramírez. Como ya hizo en otra ocasión, nos obsequió con una copita. Bienvenida será Paula. 

Tomó la palabra, después de batallar un buen rato, para conseguir la atención de los vociferantes, Antonio Martínez: “los aviones saldrán…” (A nuestro amigo, se le nota que su espíritu es aún de altos vuelos) Pretendía haber dicho que, los autocares para Hornachuelos, saldrán de la plazoleta de la Media Luna, ubicada cerca del Meliá. A las 8 de la mañana en punto. Que el plazo para apuntarse, es hasta el próximo 5 de mayo. Toda aquella persona que quiera ir en autocar, ya sea desde Córdoba, como desde el pueblo de Hornachuelos, deberá abonar el importe entero del autocar. Ello es debido a que la empresa que hará el transporte, pone el precio con carácter unitario y sería laborioso estar cobrando a cachitos. De todas formas, el importe no superará los diez euros, siempre que se cubran 37 o 55 plazas. 

ANIMO Y A APUNTARSE RAPIDITO.
Pedro Antonio, se ha ofrecido para hacernos recordar los sitios más importantes del edificio de Santa María de los Ángeles. Decía que lo recordaba todo perfectamente. 

Otro tanto le costó, luchar, a Manuel Muñoz Medrán, para que se le prestara atención. Expuso, con prontitud y eficacia, lo concerniente a la comida en el pueblo. También como plazo tope el día 5, sobre todo porque, es necesario saber el número por si tienen que colocar a los asistentes en un lugar u otro, según el número. El precio es de 16€. TAMBIEN HAY QUE DARSE PRISA PARA APUNTARSE. 

Escalofríos me dan ahora, al pensar el trabajito que costó, el tener a tanto vicariano callado durante estas intervenciones. Uf, uf. Esperad, voy a tomarme un poquito de agua… 

Glu, glu, glu. Bueno, no sólo he bebido agua, también he merendado. Sigo. 

Y llegó la hora de los “bocatas de caramales” Hacía tiempo que no sonaba por estas páginas del blog, tan suculento manjar. ¡Qué ricos! Otros, más austeros, se dieron al plato de ensalada con guarnición de gambas rebozadas. ¡Tampoco estaban malos! Pero miren ustedes, esta vez, Paco Sánchez, pasó de ensalada y dió cuenta de uno de esos bocatas de atún, que también tenían una pinta suculenta. Ahora si, mientras sus señorías degustaban las excelentes viandas, reinó el sosiego. ¡Que paz! 

En ese ambiente, me acerqué a ver la vitrina de los recuerdos. Estaba reluciente. Se notaba perfectamente, el limpiado que le había dado Carlitos. 

Llegó el momento solemne del acto. Levantándose D. Francisco Sánchez, tomó el gorrito morado y efectuó la entronización, como Vicarianos, a los siguientes miembros: 

D. Antonio Gómez Ramírez (no se le había hecho con anterioridad, por falta de gorrito)

D. Juan Villén Lucena (bienvenido al grupo)

Nuestro Paco Contreras, alias D’Artagnan, apodo dado por los Pigmeos o también llamados Mosqueros de Santa María, se notaba que estaba totalmente restablecido. Nos contó una graciosa anécdota de nuestros tiempos en Hornachuelos, que dice así: “Yo era muy obediente (si él lo dice, le creeremos) Como nos habían dicho que debíamos fortalecer el espíritu, se me ocurrió una cosa. Cuando llegaba a la mesa del comedor, lo primero que hacía era abalanzarme hacia la jarra (recordad que era de latón, coloreada) de agua y beberme rápidamente un vaso. Iba frito y sudoroso. Acto seguido, le tocaba el turno al pan… visto y no visto. Pues bien, para conseguirlo, dejé de tirarme con esa ansiedad y esperaba un rato. Así estuve un tiempo, hasta que me cansé y volví a las andadas” Yo no se si fortaleció el espíritu, pero las ganas de vivir, sí que las tiene conseguidas. Bravo por Paco. 

Así seguimos durante un buen rato. Que resultó ser muy “de verdad”. 

Empezaron las despedidas, menos esa gente “de mal vivir” que continuaron y continuaron… 

Un inciso sobre mi neurona: Se me olvidó mencionar a Lola, Jenny y a Isabel, en el perol del potaje. No tengo arreglo. Con las buenas parrafadas que eché con ellas, en ese perol y luego… si te vi no me acuerdo. 

¡Con su presencia, enaltecieron el buen potaje que hizo Paco Nieto! Pues ¡ea! Ya lo he dicho. 

Espero que no faltéis. La próxima vez paso lista. Y tened por seguro, que no se me olvidará (eso espero).

Por ahora, no recuerdo más, sobre este jueves. Sí recuerdo que me vine para mi casa y me acosté. Si algo se me ha olvidado… ya sabéis. 

Hasta la próxima. Cuidaos mucho y que tengáis salud.

TODOS LOS SANTOS TIENES OCTAVAS, POR LO TANTO, LAS HISTORIAS REALES TAMBIÉN
Pues bien, esto era una vez un chico, llamado Juan Martín. Un día entró en la Sociedad de Plateros de la calle San Francisco, donde nuestra Sede Vicariana. Al entrar, notó algo raro. Ningún conocido por allí. ¿Dónde estarán los amigos? Menuda desilusión.

—¿Hoy no vienen por aquí esos chicos, los del bocata de caramales? —le pregunta muy diligente, al posadero.

—Sus señorías tienen anunciada su visita, para el jueves a las veinte horas. Por cierto, que esta vez, van a ser bastantes, ya que han solicitado la estancia alargada —contesta una voz, tras el mostrador.

Vaya chasco que se llevó nuestro amigo Juan. Con las ganas que llevaba de encontrarse con alguien. “Bueno, otra vez será”, se dijo, algo contrariado. 

Pero, con prontitud y sin pensárselo dos veces, dejó unas monedas, para que les sirviera una invitación, a los amigos ausentes.

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado. Como muestra os dejo un fiel reflejo de esa invitación y de la nota dejada como constancia y recuerdo de ella. Gracias a Paco Nieto, otro de nuestros expertos informáticos, que la escaneó. 

Bien por Juan y brindamos por ello.

Andrés Osado Gracia

miércoles, 11 de abril de 2018

Andrés Osado - Crónica de la XXV Reunión Anual en Priego de Córdoba

EN PRIEGO DE CÓRDOBA
7 DE ABRIL DE 2018

A la hora en punto; la que habíamos acordado; salía en autobús desde Córdoba. Con anterioridad habían salido, desde otros puntos del orbe, todas esas personas que, cargadas de ilusión, acudían al encuentro de Priego de Córdoba. Algunas, incluso, desde el día anterior. 

Las previsiones meteorológicas, al llegar a Priego, no eran muy halagüeñas, pero nada podía impedir esa reunión. Tanto es así que, por un momento, esa Plaza de la Constitución, donde se encuentra el Ayuntamiento, cobró una significación especial. Se engalanó de abrazos, besos y alegría al vernos nuevamente, esa gente de Santa María. 

Con algo de retraso, sobre el horario previsto, entramos en la majestuosa Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Edificio gótico-mudéjar de tres naves del siglo XVI. Destaca el Retablo Mayor del renacimiento tardío. El Sagrario, de magistral “Barroco Andaluz” fue realizado por Francisco Javier Pedrajas, entre 1772 y 1784. Las pinturas son de Pedro de Raxis y Ginés López. Allí nos esperaba Juan Gregorio, su sacristán, siguiendo las indicaciones del Arcipreste, quien dispuso que se nos atendiera de la mejor forma posible. Cosa rara que le pareció a algún “ad latere” de la hermandad. Eso si, se nos pidió celeridad en la visita, dado que en breves momentos ese templo iba a recibir a altos dignatarios de la Jerarquía eclesial. 

Así se cumplió y tras un breve recorrido por su interior, dimos por finalizada la visita. 

Nuestros pasos se dirigieron, a continuación, sin perdida de tiempo, hacia el Ayuntamiento, donde nos esperaba el Sr. Alcalde. Este nos dio la bienvenida al Pueblo y nos hizo entrega de unos obsequios, que pasarán a engrosar la vitrina de nuestra Sede en la Sociedad de Plateros. Que por cierto se está quedando pequeña… ¿oído Sr. Sánchez?... 

La lluvia fue compañera durante todo el recorrido, pero no nos importó. 

Hablando de agua, como no, nuestros pasos y paraguas se encaminaron hacia la Fuente del Rey: está compuesta por 139 chorros, muchos de ellos con mascarones de piedra de rostros fantasmagóricos, y tres estanques situados a distinto nivel y forma alargada en la que predominan contornos curvos y que está bordeada de asientos en su totalidad. En el primer estanque se encuentra una escultura con un león y una serpiente luchando, obra atribuida al escultor José Álvarez Cubero​ En el segundo estanque, realizado por Remigio del Mármol, la figura central es la escultura de Neptuno y Anfitrite que cabalgan sobre un carro tirado por caballos que salen del agua. El agua cae desde el segundo al tercer estanque por medio de una cascada, y acaba saliendo por el mascarón del Clero. (Esto lo he copiado de la Wiki, jejeje) Sólo añadiré que, el agua, en esta ocasión, caía con toda su intensidad por otro mascarón, el del cielo. ¡Y cómo caía! Los dioses se habían confabulado contra nosotros. ¡Pero, dioses a nosotros! ¡Con nosotros, todos juntos, no hay quien pueda! 

Tras deleitarnos con esa Fuente, nos encaminamos hacia la Casa Museo de Niceto Alcalá- Zamora y Torres. Aquí dejo que cada cual ponga más palabras en este párrafo. Permitidme que yo diga solamente, “gran hombre y mejor Presidente”. El Director del Patronato, nos obsequió con unas magistrales palabras, sobre el Presidente y su casa. En este sentido, Rafa Vilas ha dicho que, va a poner un enlace con el Patronato, a través de nuestro blog. 

De allí, nos trasladamos hacia el Barrio de la Villa y los Adarves. Precioso recorrido por esas callejuelas, muy dignas y elocuentes, de aquella forma de vivir de nuestros antepasados de Al-Andaluz. Estrechitas y ahora aderezadas de macetas multicolores. Cuando más ensimismados estábamos en la contemplación de tanta belleza, ¡se destapó la caja de los truenos! (nunca mejor dicho). Personalmente pegué un salto, “cual haba tostá en exceso”. Mi corazón pensó en huir por entre esas callejuelas y detrás yo. ¡Qué susto nos llevamos los que por allí transitábamos! Resulta que, en ese momento, justo en ese momento, le dio, a los de la Hermandad del Nazareno, por festejar tan magno acontecimiento, lanzando al cielo una cantidad espantosa de atronadores cohetes. Pero… ¿no podían haberlo dejado para unos minutitos más tarde? ¡Cosas de las hermandades! 

Pasado el susto, llegamos al esplendor de la Naturaleza: Los Adarves. ¡Grandiosa vista de la Naturaleza! Y seguía lloviendo. También seguía mojándose, a pecho descubierto (léase, sin paraguas, ni na de na) nuestro otro reportero “en directo” Miguel López. Iba empapado hasta allí… Pero, más feliz que un niño con zapatos nuevos. ¡Así es nuestro Miguelito! 

Saludamos “al Ruiseñor de las Cumbres” Joselito; bebimos agua de la fuente y de allí, a la ermita de la Virgen de la Aurora. También se destapó una caja. En esta ocasión no fueron truenos, sino “voces de ángeles” (aunque ya algo mayorcitos) Resonaron, con el mismo sentimiento de aquellos tiempos, el Salve Regina, cantado por las personas allí reunidas y de postre un Ave María de Arcadel, interpretado por Gregorio Ramírez. Por cierto, Rafa Vilas dice que, un Hermano de la Hermandad, nos grabó (será cuestión de conseguir ese vídeo y ponerlo en el blog). 

Ahora sí, llegó el momento de la celebración palpable del encuentro, una vez llegados a la Hospedería de San Francisco. Un refectorio, con púlpito y todo, que a más de uno le vino como anillo al dedo. 

Tocaba la hora de darle, con más amplitud y resonancia, a la sin hueso. ¡Y cómo le dábamos! Parecía que estábamos vengándonos de tantos y tantos días en los que tuvimos que almorzar y cenar en total silencio. Pero claro, quizás faltaba ese lector que impusiera silencio. ¡O aquel señor de gafas oscuras! Sea lo que fuere, no hubo forma de establecer la moderación. 

Mientras degustábamos los ricos manjares, se fueron proyectando instantáneas de nuestra juventud, que con tanto esmero había ido recopilando nuestro servicial amigo Rafa Vilas ¡qué gran obra a realizado! 

Andrés, quieres una cosa que tengo —me había dicho Jenny, en un momento de nuestro encuentro. 

Viniendo de ti, por supuesto que si —le dije, sin pensármelo dos veces. 

Durante el almuerzo, se me acercó Jenny y me hizo entrega de un sobre blanco, algo descolorido por el paso del tiempo: o sea, con solera. Yo, como quien tiene un cofre del tesoro entre las manos, con una inusitada expectación, abrí el sobre y al instante me entró un escalofrío por todo el cuerpo. Era una estampita: un angelito pintaba, en el cielo azul, una estrella de Navidad, ayudado por otro que le sostenía una escalera y otro cantaba, tocando el acordeón. Supe en ese instante de lo que se trataba. (En aquellos tiempos las comprábamos y se las entregábamos a nuestros amigos, en Navidad o en Vacaciones) Le di la vuelta a la estampita y reconocí mi letra: “A mi amigo Luna para que pase feliz Año Nuevo en unión de su familia tu amigo que no te olvida. Firmado Andrés Osado Gracia” Había llegado de vuelta. En cierto sentido, me estaba deseando, desde donde esté, lo mejor para mi familia y para mi. ¡GRACIAS ANDRÉS! Le di un fuerte abrazo a Jenny y las lágrimas fueron testigos de ese agradecimiento. ¡GRACIAS TAMBIEN A TI, JENNY! 

Cambiamos de tema, porque si no… la liamos. 

Mira por donde, hablando de lío, resulta que el verdadero embrollo, se producía cada vez que alguien pretendía hablar, desde el púlpito. Allí no había quien se entendiera. Menos mal que Carmen, “hija predilecta de Priego” (por ser Vilas un gracioso, o mejor dicho, por haberlo conocido, como dice ella) nos enseñó cómo hacerlo: con energía y subiendo el volumen del altavoz (tenia que llegar una mujer para poner orden) El caso es que más o menos se pudo arreglar la cosa, a partir de ahí. 

Entre uno de esos tumultos, alguien me preguntó del por qué de la “cabra” en nuestro escudo vicariano. Lo cierto es que me vino a huevo la situación. Le dije que se trataba de las cabras que residían en Santa María, pero que también se insinuaban a los “cabroncetes” que también nos juntábamos. Aparte de “piraos”, no hay quien nos arregle. Y a los hechos me remití. Dicho así, lo entendió, a las mil maravillas. Yo quedé totalmente satisfecho por haberlo conseguido. 

Comimos, bebimos, no hace falta decir que hablamos y lo pasamos genial. 

Una cosa me gustó. El jamoncito se sirvió en plato individual. Acierto genial. De esa forma no tenía que andar mirando, de reojillo, donde se encontraba la loncha más grande, para dar buen recaudo de ella, antes de que otro listillo se me adelantara (que a eso de adelantarse a la situación, bien que lo aprendimos en Santa María) ¡Todo para mí! ¡Mi tesoro! 

Mientras, Antonio Toro, ayudado por Carlitos y Manolo Sepúlveda, recaudaron eficazmente el pecunio del almuerzo. 

Tras esto, se produjo el instante más emotivo de día. Pudimos gozar del excelente reportaje que, Rafa Vilas, había preparado, recordando a nuestros compañeros Andrés Luna y Antonio Crespo. Tras lo cual, se cantó el himno de “Amigos para Siempre” 

Otro momento importante fue, mejor dicho, fueron, los regalos que vinieron a demostrar el gran corazón de los artesanos que los produjeron, me refiero a: 

-Los monederos donados por Paco Ruiz Roldán. Fabricados en cuero y repujados con el escudo del Seminario. No creo que cordobán alguno, hiciera desmerecer a la magistral confección de estos. 

-Los emotivos, sugerentes y coloridos cuadros donados, a cada uno de los asistentes, por Manuel Casimiro. 

No podía faltar y no faltó, que nuestro Fili, nos deleitara con unas de sus muchas peripecias. Valga resaltar aquellas: cómo ser médico y reciclarse como “trajinador” de pollos asados, incluidos los sin piel; o la de que el estudiar medicina, no te posibilita para saber que los patucos de quirófano, son para los pies y no para colocárselos de montera. Ver para creer. Bravo por el Fili. 

Y cuando ya pensaba yo, que no podía haber más sorpresas, se me acerca Gemma Crespo (no necesito decir de quien es hija, ya que por sí misma se ha ganado el que no necesite aclaración) y me hace entrega de un chinito de la suerte. De esos que nuestro amigo Antonio Crespo, llevaba consigo en un anillo. Entrañable regalo. GRACIAS, CARIDAD Y GEMMA.

Supongo que ya está bien. Si algo se me ha olvidado, Antonio o Fili, lo dirán. 

Gran día, para el recuerdo. 

Hemos de agradecer los servicios prestados a los fotógrafos, Carlitos, Fernando Prior, Miguel López y todos los que fueron recogiendo instantáneas durante el encuentro.

Por último, dar nuestra felicitación a Antonio Toro y a Rafa Vilas, por la excelente organización del encuentro. GRACIAS 

Un abrazo, para esta gran familia de Santa María.

PD.: Nota complementaria a la reunión de Priego de Córdoba:

¡Luego me llamáis cronista! ¡Pues menudo cronista estoy hecho.
Resulta que se me olvidó indicar una cosa importantísima, tanto que no tengo perdón.
Se acordó, a propuesta de nuestro Rafael Raya de la Mora, que la reunión de la primavera, del año 2019, se celebre en Conil. Pues dicho queda, y vayan tomando nota.
Pido disculpas por el olvido, sobre todo a Rafael.

Andrés Osado Gracia

El Fili - Crónica de la XXV Reunión Anual en Priego de Córdoba

Si yo no fuera yo

Pongamos que yo no fuera yo, sino alguien que acude por segunda vez a esta reunión de ex alumnos de los Ángeles, qué digo yo, que fuese Miguel Santaella mismo. Puestos en esa tesitura reflexionaría con vosotros acerca de mis impresiones y emociones vividas en día tan singular para mí (para Miguel) como el de ayer. Ea, vamos a jugar a que yo soy Miguel.

Para empezar, obligado será resaltar el marco inigualable de la belleza y monumentalidad de Priego, manque lloviera todo el tiempo. Especialmente emotiva e instructiva, la visita a la casa museo de don Niceto -Aniseto para los íntimos-. Espectacularmente bella la iglesia de la Aurora, con un barroco recargado, casi rococó, donde de la mano directora de Gregorio cantamos todos el Salve Regina, tan socorrido en los Ángeles. Al terminar el cántico, Antonio Estepa, nuestro entrañable "Bronco Ley" de entonces, invocó una plegaria a la Virgen: "Madre nuestra te pedimos que nos mantengas siempre unidos y que nunca nos falten las ganas de comer". ¡Hay que ver, qué hombre! La extensa negrura de tanto paraguas deslució un pelín La Fuente del Rey, un espacio realmente versallesco. Como llegué un poco tarde no puedo comentar otras iglesias y otros monumentos que vosotros, los puntuales, disfrutasteis. He oído que disponéis de un cronista oficial y todo, un tal Andrés Osado. Su oportuna crónica me hará conocedor del resto.

Enseguida, ensalzar y agradecer el papel de los promotores, Rafa Vilas y Antonio Toro, a fin de que todo saliera a pedir de boca. Y vaya si lo consiguieron. Por lo que escuché de otros compañeros, el Vilas, hijo y enamorado de Priego, es un máquina de la informática y de la fotografía. Su manejo en las proyecciones fotográficas y en los vídeos no pudo ser más solvente. Dicen que ha perdido mucho peso, cómo sería antes, porque, yo, con perdón, lo encuentro orondo (Rafa, que no lo digo yo, que lo dice Miguel, eh). Para ambos, Rafa y Antonio, nuestro sincero agradecimiento. Tiene que ser agotador planificar y ejecutar un programa cultural y gastronómico para cien criaturas, y estar pendiente de todo y de todos. A mí se me haría un mundo.

Luego está el tema tan sorprendente para mí de la emoción con que todos vosotros vivís estos encuentros. Me he enterado de que hay gente que acude desde Las Alpujarras, desde Madrid, desde Alicante, desde Conil, incluso desde La Granjuela, que ya hay que echarle huevos. Y de compañeros que en la distancia siguen estos acontecimientos casi en vivo por los mensajitos de los whatsApp, casos de Paco César, de Pedro Calle o de Juan Martín. Y de otros tan aferrados que lloran su propia ausencia cuando algún imprevisto les chafa el ansiado día del encuentro. Creo que hoy se lamen sus heridas en sus casas gente de contrastada fidelidad como "El Leñero", Pepín, Paco Solano, Paco Molina, Antonio Gómez, Agustín Madrid o Fraski. Yo mismo quedé enteramente atrapado en esas redes engatusadores que hábilmente me tendisteis de nostalgia, recuerdos y vivencias de las que ya solo quedaban rescoldos. Y más alucinante aún, que esas emociones las compartan por igual vuestras mujeres, gente que no conoció nuestros orígenes ni nuestros "santos lugares". Simple y llanamente por afinidad, por contagio, por simpatía, por cariño. Admirable. Les desborda el entusiasmo a todas ellas. Ahí tenéis, sin ir más lejos, que acuden a nuestros encuentros las viudas de nuestros compañeros fallecidos, como Jenny con sus muletas de recién operada, la bella viuda de nuestro Andrés Luna, un acérrimo de estas reuniones aún estando en estadio terminal; como la viuda y la hija de Antonio Crespo; o como María Jesús, la chispeante viuda del muy llorado Manolo Estepa. Increíble tanta devoción.

En la sobremesa, acomodados en el refectorio del antiguo convento de "San Francisco", me resultó muy simpático el gesto de los organizadores de regalarle un detalle a Manolo Sepúlveda por tanto trajín como se trae el pobre entre Órgiva y Córdoba para poder asistir a este y otros encuentros; y al Luna, el de Bubión, por ser el alma de estas reuniones, el primer y perpetuo organizador, el gran aglutinador. Me ha parecido muy merecido, sí señor. Mi primera experiencia con vosotros, el pasado año en Lucena, me resultó muy entrañable entre otras cosas por la acogida y las atenciones que tanto él como Pilar me dispensaron. Lo mismo puedo decir de la bondad y generosidad de un tal Manuel Casimiro, de quien casi ni me acuerdo de los tiempos del seminario, pero que, curiosamente, es mi amigo íntimo en facebook, y que se tiró el lujazo de pintar cuarenta y pico de cuadros para simbolizar esta reunión y regalarnos uno a cada quisque. Sombrerazo para él. Por salir a hacer aguas menores me entretuve con unos y con otros en los corredores del claustro y me perdí el cántico del grupo, el de "Amigos para siempre", y el reportaje sobre nuestros últimos compañeros fallecidos, Andrés Luna y Antonio Crespo (Bueno, quizás Miguel no se lo perdiera, pero yo sí).

Y algo muy inesperado, y al mismo tiempo graciosísimo, fue cuando el Filiberto, del que guardo el recuerdo de lo gran empollón que era, se encaramó al púlpito con su señora, la Peque, y entre ambos entablaron una serie de monólogos tan ocurrentes que ni los de la tele. No tenía yo al Fili por caricato, oye. Pero vaya si nos hizo reír a todos.

Bueno... y lo de Tomás con su subidón, dando vítores a la tercera República, no hay que tomárselo en cuenta. No está acostumbrado a tan buen vino. Se le perdona.

Me quedé a dormir en Priego, en el hostal Rafi, con los más veteranos de estos eventos. Me pusieron al día de los veintitantos años de retraso que les llevo. Ya me considero un iniciado. Me bautizaron en "El Virrey" con un caldo "eléctrico", me hicieron comulgar con un revuelto de collejas típico de la casa, me confirmaron con llovizna al paso de una rondalla de cantaores de la Aurora, y me santificaron con un "pelotazo" de puerto de indias a las dos de la madrugada. La verdad, se me hizo todo muy rápido, muy corto. Hubiese seguido con ellos hasta clarear el día. Pero el Fili, el Salva y el Jesús Cantarero son unos tristes de la noche. Mucho palique de día, pero a las once ya están pidiendo teta. Nos arrastraron a los demás hasta las alcobas mucho antes del canto del gallo.

En fin, he quedado encantado. Prometo más.

Un abrazo muy sentido para todos vosotros. Y para vuestras santas.

Miguel mismo, (bueno, o sea yo). 

El Fili.