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miércoles, 11 de abril de 2018

Andrés Osado - Crónica de la XXV Reunión Anual en Priego de Córdoba

EN PRIEGO DE CÓRDOBA
7 DE ABRIL DE 2018

A la hora en punto; la que habíamos acordado; salía en autobús desde Córdoba. Con anterioridad habían salido, desde otros puntos del orbe, todas esas personas que, cargadas de ilusión, acudían al encuentro de Priego de Córdoba. Algunas, incluso, desde el día anterior. 

Las previsiones meteorológicas, al llegar a Priego, no eran muy halagüeñas, pero nada podía impedir esa reunión. Tanto es así que, por un momento, esa Plaza de la Constitución, donde se encuentra el Ayuntamiento, cobró una significación especial. Se engalanó de abrazos, besos y alegría al vernos nuevamente, esa gente de Santa María. 

Con algo de retraso, sobre el horario previsto, entramos en la majestuosa Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Edificio gótico-mudéjar de tres naves del siglo XVI. Destaca el Retablo Mayor del renacimiento tardío. El Sagrario, de magistral “Barroco Andaluz” fue realizado por Francisco Javier Pedrajas, entre 1772 y 1784. Las pinturas son de Pedro de Raxis y Ginés López. Allí nos esperaba Juan Gregorio, su sacristán, siguiendo las indicaciones del Arcipreste, quien dispuso que se nos atendiera de la mejor forma posible. Cosa rara que le pareció a algún “ad latere” de la hermandad. Eso si, se nos pidió celeridad en la visita, dado que en breves momentos ese templo iba a recibir a altos dignatarios de la Jerarquía eclesial. 

Así se cumplió y tras un breve recorrido por su interior, dimos por finalizada la visita. 

Nuestros pasos se dirigieron, a continuación, sin perdida de tiempo, hacia el Ayuntamiento, donde nos esperaba el Sr. Alcalde. Este nos dio la bienvenida al Pueblo y nos hizo entrega de unos obsequios, que pasarán a engrosar la vitrina de nuestra Sede en la Sociedad de Plateros. Que por cierto se está quedando pequeña… ¿oído Sr. Sánchez?... 

La lluvia fue compañera durante todo el recorrido, pero no nos importó. 

Hablando de agua, como no, nuestros pasos y paraguas se encaminaron hacia la Fuente del Rey: está compuesta por 139 chorros, muchos de ellos con mascarones de piedra de rostros fantasmagóricos, y tres estanques situados a distinto nivel y forma alargada en la que predominan contornos curvos y que está bordeada de asientos en su totalidad. En el primer estanque se encuentra una escultura con un león y una serpiente luchando, obra atribuida al escultor José Álvarez Cubero​ En el segundo estanque, realizado por Remigio del Mármol, la figura central es la escultura de Neptuno y Anfitrite que cabalgan sobre un carro tirado por caballos que salen del agua. El agua cae desde el segundo al tercer estanque por medio de una cascada, y acaba saliendo por el mascarón del Clero. (Esto lo he copiado de la Wiki, jejeje) Sólo añadiré que, el agua, en esta ocasión, caía con toda su intensidad por otro mascarón, el del cielo. ¡Y cómo caía! Los dioses se habían confabulado contra nosotros. ¡Pero, dioses a nosotros! ¡Con nosotros, todos juntos, no hay quien pueda! 

Tras deleitarnos con esa Fuente, nos encaminamos hacia la Casa Museo de Niceto Alcalá- Zamora y Torres. Aquí dejo que cada cual ponga más palabras en este párrafo. Permitidme que yo diga solamente, “gran hombre y mejor Presidente”. El Director del Patronato, nos obsequió con unas magistrales palabras, sobre el Presidente y su casa. En este sentido, Rafa Vilas ha dicho que, va a poner un enlace con el Patronato, a través de nuestro blog. 

De allí, nos trasladamos hacia el Barrio de la Villa y los Adarves. Precioso recorrido por esas callejuelas, muy dignas y elocuentes, de aquella forma de vivir de nuestros antepasados de Al-Andaluz. Estrechitas y ahora aderezadas de macetas multicolores. Cuando más ensimismados estábamos en la contemplación de tanta belleza, ¡se destapó la caja de los truenos! (nunca mejor dicho). Personalmente pegué un salto, “cual haba tostá en exceso”. Mi corazón pensó en huir por entre esas callejuelas y detrás yo. ¡Qué susto nos llevamos los que por allí transitábamos! Resulta que, en ese momento, justo en ese momento, le dio, a los de la Hermandad del Nazareno, por festejar tan magno acontecimiento, lanzando al cielo una cantidad espantosa de atronadores cohetes. Pero… ¿no podían haberlo dejado para unos minutitos más tarde? ¡Cosas de las hermandades! 

Pasado el susto, llegamos al esplendor de la Naturaleza: Los Adarves. ¡Grandiosa vista de la Naturaleza! Y seguía lloviendo. También seguía mojándose, a pecho descubierto (léase, sin paraguas, ni na de na) nuestro otro reportero “en directo” Miguel López. Iba empapado hasta allí… Pero, más feliz que un niño con zapatos nuevos. ¡Así es nuestro Miguelito! 

Saludamos “al Ruiseñor de las Cumbres” Joselito; bebimos agua de la fuente y de allí, a la ermita de la Virgen de la Aurora. También se destapó una caja. En esta ocasión no fueron truenos, sino “voces de ángeles” (aunque ya algo mayorcitos) Resonaron, con el mismo sentimiento de aquellos tiempos, el Salve Regina, cantado por las personas allí reunidas y de postre un Ave María de Arcadel, interpretado por Gregorio Ramírez. Por cierto, Rafa Vilas dice que, un Hermano de la Hermandad, nos grabó (será cuestión de conseguir ese vídeo y ponerlo en el blog). 

Ahora sí, llegó el momento de la celebración palpable del encuentro, una vez llegados a la Hospedería de San Francisco. Un refectorio, con púlpito y todo, que a más de uno le vino como anillo al dedo. 

Tocaba la hora de darle, con más amplitud y resonancia, a la sin hueso. ¡Y cómo le dábamos! Parecía que estábamos vengándonos de tantos y tantos días en los que tuvimos que almorzar y cenar en total silencio. Pero claro, quizás faltaba ese lector que impusiera silencio. ¡O aquel señor de gafas oscuras! Sea lo que fuere, no hubo forma de establecer la moderación. 

Mientras degustábamos los ricos manjares, se fueron proyectando instantáneas de nuestra juventud, que con tanto esmero había ido recopilando nuestro servicial amigo Rafa Vilas ¡qué gran obra a realizado! 

Andrés, quieres una cosa que tengo —me había dicho Jenny, en un momento de nuestro encuentro. 

Viniendo de ti, por supuesto que si —le dije, sin pensármelo dos veces. 

Durante el almuerzo, se me acercó Jenny y me hizo entrega de un sobre blanco, algo descolorido por el paso del tiempo: o sea, con solera. Yo, como quien tiene un cofre del tesoro entre las manos, con una inusitada expectación, abrí el sobre y al instante me entró un escalofrío por todo el cuerpo. Era una estampita: un angelito pintaba, en el cielo azul, una estrella de Navidad, ayudado por otro que le sostenía una escalera y otro cantaba, tocando el acordeón. Supe en ese instante de lo que se trataba. (En aquellos tiempos las comprábamos y se las entregábamos a nuestros amigos, en Navidad o en Vacaciones) Le di la vuelta a la estampita y reconocí mi letra: “A mi amigo Luna para que pase feliz Año Nuevo en unión de su familia tu amigo que no te olvida. Firmado Andrés Osado Gracia” Había llegado de vuelta. En cierto sentido, me estaba deseando, desde donde esté, lo mejor para mi familia y para mi. ¡GRACIAS ANDRÉS! Le di un fuerte abrazo a Jenny y las lágrimas fueron testigos de ese agradecimiento. ¡GRACIAS TAMBIEN A TI, JENNY! 

Cambiamos de tema, porque si no… la liamos. 

Mira por donde, hablando de lío, resulta que el verdadero embrollo, se producía cada vez que alguien pretendía hablar, desde el púlpito. Allí no había quien se entendiera. Menos mal que Carmen, “hija predilecta de Priego” (por ser Vilas un gracioso, o mejor dicho, por haberlo conocido, como dice ella) nos enseñó cómo hacerlo: con energía y subiendo el volumen del altavoz (tenia que llegar una mujer para poner orden) El caso es que más o menos se pudo arreglar la cosa, a partir de ahí. 

Entre uno de esos tumultos, alguien me preguntó del por qué de la “cabra” en nuestro escudo vicariano. Lo cierto es que me vino a huevo la situación. Le dije que se trataba de las cabras que residían en Santa María, pero que también se insinuaban a los “cabroncetes” que también nos juntábamos. Aparte de “piraos”, no hay quien nos arregle. Y a los hechos me remití. Dicho así, lo entendió, a las mil maravillas. Yo quedé totalmente satisfecho por haberlo conseguido. 

Comimos, bebimos, no hace falta decir que hablamos y lo pasamos genial. 

Una cosa me gustó. El jamoncito se sirvió en plato individual. Acierto genial. De esa forma no tenía que andar mirando, de reojillo, donde se encontraba la loncha más grande, para dar buen recaudo de ella, antes de que otro listillo se me adelantara (que a eso de adelantarse a la situación, bien que lo aprendimos en Santa María) ¡Todo para mí! ¡Mi tesoro! 

Mientras, Antonio Toro, ayudado por Carlitos y Manolo Sepúlveda, recaudaron eficazmente el pecunio del almuerzo. 

Tras esto, se produjo el instante más emotivo de día. Pudimos gozar del excelente reportaje que, Rafa Vilas, había preparado, recordando a nuestros compañeros Andrés Luna y Antonio Crespo. Tras lo cual, se cantó el himno de “Amigos para Siempre” 

Otro momento importante fue, mejor dicho, fueron, los regalos que vinieron a demostrar el gran corazón de los artesanos que los produjeron, me refiero a: 

-Los monederos donados por Paco Ruiz Roldán. Fabricados en cuero y repujados con el escudo del Seminario. No creo que cordobán alguno, hiciera desmerecer a la magistral confección de estos. 

-Los emotivos, sugerentes y coloridos cuadros donados, a cada uno de los asistentes, por Manuel Casimiro. 

No podía faltar y no faltó, que nuestro Fili, nos deleitara con unas de sus muchas peripecias. Valga resaltar aquellas: cómo ser médico y reciclarse como “trajinador” de pollos asados, incluidos los sin piel; o la de que el estudiar medicina, no te posibilita para saber que los patucos de quirófano, son para los pies y no para colocárselos de montera. Ver para creer. Bravo por el Fili. 

Y cuando ya pensaba yo, que no podía haber más sorpresas, se me acerca Gemma Crespo (no necesito decir de quien es hija, ya que por sí misma se ha ganado el que no necesite aclaración) y me hace entrega de un chinito de la suerte. De esos que nuestro amigo Antonio Crespo, llevaba consigo en un anillo. Entrañable regalo. GRACIAS, CARIDAD Y GEMMA.

Supongo que ya está bien. Si algo se me ha olvidado, Antonio o Fili, lo dirán. 

Gran día, para el recuerdo. 

Hemos de agradecer los servicios prestados a los fotógrafos, Carlitos, Fernando Prior, Miguel López y todos los que fueron recogiendo instantáneas durante el encuentro.

Por último, dar nuestra felicitación a Antonio Toro y a Rafa Vilas, por la excelente organización del encuentro. GRACIAS 

Un abrazo, para esta gran familia de Santa María.

PD.: Nota complementaria a la reunión de Priego de Córdoba:

¡Luego me llamáis cronista! ¡Pues menudo cronista estoy hecho.
Resulta que se me olvidó indicar una cosa importantísima, tanto que no tengo perdón.
Se acordó, a propuesta de nuestro Rafael Raya de la Mora, que la reunión de la primavera, del año 2019, se celebre en Conil. Pues dicho queda, y vayan tomando nota.
Pido disculpas por el olvido, sobre todo a Rafael.

Andrés Osado Gracia

El Fili - Crónica de la XXV Reunión Anual en Priego de Córdoba

Si yo no fuera yo

Pongamos que yo no fuera yo, sino alguien que acude por segunda vez a esta reunión de ex alumnos de los Ángeles, qué digo yo, que fuese Miguel Santaella mismo. Puestos en esa tesitura reflexionaría con vosotros acerca de mis impresiones y emociones vividas en día tan singular para mí (para Miguel) como el de ayer. Ea, vamos a jugar a que yo soy Miguel.

Para empezar, obligado será resaltar el marco inigualable de la belleza y monumentalidad de Priego, manque lloviera todo el tiempo. Especialmente emotiva e instructiva, la visita a la casa museo de don Niceto -Aniseto para los íntimos-. Espectacularmente bella la iglesia de la Aurora, con un barroco recargado, casi rococó, donde de la mano directora de Gregorio cantamos todos el Salve Regina, tan socorrido en los Ángeles. Al terminar el cántico, Antonio Estepa, nuestro entrañable "Bronco Ley" de entonces, invocó una plegaria a la Virgen: "Madre nuestra te pedimos que nos mantengas siempre unidos y que nunca nos falten las ganas de comer". ¡Hay que ver, qué hombre! La extensa negrura de tanto paraguas deslució un pelín La Fuente del Rey, un espacio realmente versallesco. Como llegué un poco tarde no puedo comentar otras iglesias y otros monumentos que vosotros, los puntuales, disfrutasteis. He oído que disponéis de un cronista oficial y todo, un tal Andrés Osado. Su oportuna crónica me hará conocedor del resto.

Enseguida, ensalzar y agradecer el papel de los promotores, Rafa Vilas y Antonio Toro, a fin de que todo saliera a pedir de boca. Y vaya si lo consiguieron. Por lo que escuché de otros compañeros, el Vilas, hijo y enamorado de Priego, es un máquina de la informática y de la fotografía. Su manejo en las proyecciones fotográficas y en los vídeos no pudo ser más solvente. Dicen que ha perdido mucho peso, cómo sería antes, porque, yo, con perdón, lo encuentro orondo (Rafa, que no lo digo yo, que lo dice Miguel, eh). Para ambos, Rafa y Antonio, nuestro sincero agradecimiento. Tiene que ser agotador planificar y ejecutar un programa cultural y gastronómico para cien criaturas, y estar pendiente de todo y de todos. A mí se me haría un mundo.

Luego está el tema tan sorprendente para mí de la emoción con que todos vosotros vivís estos encuentros. Me he enterado de que hay gente que acude desde Las Alpujarras, desde Madrid, desde Alicante, desde Conil, incluso desde La Granjuela, que ya hay que echarle huevos. Y de compañeros que en la distancia siguen estos acontecimientos casi en vivo por los mensajitos de los whatsApp, casos de Paco César, de Pedro Calle o de Juan Martín. Y de otros tan aferrados que lloran su propia ausencia cuando algún imprevisto les chafa el ansiado día del encuentro. Creo que hoy se lamen sus heridas en sus casas gente de contrastada fidelidad como "El Leñero", Pepín, Paco Solano, Paco Molina, Antonio Gómez, Agustín Madrid o Fraski. Yo mismo quedé enteramente atrapado en esas redes engatusadores que hábilmente me tendisteis de nostalgia, recuerdos y vivencias de las que ya solo quedaban rescoldos. Y más alucinante aún, que esas emociones las compartan por igual vuestras mujeres, gente que no conoció nuestros orígenes ni nuestros "santos lugares". Simple y llanamente por afinidad, por contagio, por simpatía, por cariño. Admirable. Les desborda el entusiasmo a todas ellas. Ahí tenéis, sin ir más lejos, que acuden a nuestros encuentros las viudas de nuestros compañeros fallecidos, como Jenny con sus muletas de recién operada, la bella viuda de nuestro Andrés Luna, un acérrimo de estas reuniones aún estando en estadio terminal; como la viuda y la hija de Antonio Crespo; o como María Jesús, la chispeante viuda del muy llorado Manolo Estepa. Increíble tanta devoción.

En la sobremesa, acomodados en el refectorio del antiguo convento de "San Francisco", me resultó muy simpático el gesto de los organizadores de regalarle un detalle a Manolo Sepúlveda por tanto trajín como se trae el pobre entre Órgiva y Córdoba para poder asistir a este y otros encuentros; y al Luna, el de Bubión, por ser el alma de estas reuniones, el primer y perpetuo organizador, el gran aglutinador. Me ha parecido muy merecido, sí señor. Mi primera experiencia con vosotros, el pasado año en Lucena, me resultó muy entrañable entre otras cosas por la acogida y las atenciones que tanto él como Pilar me dispensaron. Lo mismo puedo decir de la bondad y generosidad de un tal Manuel Casimiro, de quien casi ni me acuerdo de los tiempos del seminario, pero que, curiosamente, es mi amigo íntimo en facebook, y que se tiró el lujazo de pintar cuarenta y pico de cuadros para simbolizar esta reunión y regalarnos uno a cada quisque. Sombrerazo para él. Por salir a hacer aguas menores me entretuve con unos y con otros en los corredores del claustro y me perdí el cántico del grupo, el de "Amigos para siempre", y el reportaje sobre nuestros últimos compañeros fallecidos, Andrés Luna y Antonio Crespo (Bueno, quizás Miguel no se lo perdiera, pero yo sí).

Y algo muy inesperado, y al mismo tiempo graciosísimo, fue cuando el Filiberto, del que guardo el recuerdo de lo gran empollón que era, se encaramó al púlpito con su señora, la Peque, y entre ambos entablaron una serie de monólogos tan ocurrentes que ni los de la tele. No tenía yo al Fili por caricato, oye. Pero vaya si nos hizo reír a todos.

Bueno... y lo de Tomás con su subidón, dando vítores a la tercera República, no hay que tomárselo en cuenta. No está acostumbrado a tan buen vino. Se le perdona.

Me quedé a dormir en Priego, en el hostal Rafi, con los más veteranos de estos eventos. Me pusieron al día de los veintitantos años de retraso que les llevo. Ya me considero un iniciado. Me bautizaron en "El Virrey" con un caldo "eléctrico", me hicieron comulgar con un revuelto de collejas típico de la casa, me confirmaron con llovizna al paso de una rondalla de cantaores de la Aurora, y me santificaron con un "pelotazo" de puerto de indias a las dos de la madrugada. La verdad, se me hizo todo muy rápido, muy corto. Hubiese seguido con ellos hasta clarear el día. Pero el Fili, el Salva y el Jesús Cantarero son unos tristes de la noche. Mucho palique de día, pero a las once ya están pidiendo teta. Nos arrastraron a los demás hasta las alcobas mucho antes del canto del gallo.

En fin, he quedado encantado. Prometo más.

Un abrazo muy sentido para todos vosotros. Y para vuestras santas.

Miguel mismo, (bueno, o sea yo). 

El Fili.

jueves, 5 de abril de 2018

Juventud Contemplativa

Juventud Contemplativa 

Kyrie, eléison 

Era la segunda vez que veía aquella inmensa masa de agua azulada con el sol al fondo, el conjunto presentaba un marco de increíble placidez y luminosidad, que devolvía el reflejo de la luz en mil brillos parpadeantes. El tren enfilaba hacia Valencia y algunas barcas de pescadores regresaban a puerto rizando con una estela suave aquella lisa superficie esmeralda. 

La luz del amanecer empezaba a animar la mañana, y en los pueblos de la costa que desfilaban por delante de la ventanilla, ya se veía el ajetreo de los vehículos y de las personas que iban a sus trabajos, era agosto del año 1965. 

Embobado en el paisaje, se me escapaban los pensamientos hacia lo que hasta hacía bien poco había sido mi universo: Las clases de pre-aprendizaje industrial y los amigos y amigas de Lérida, recuerdo estar abrazados los cuatro llorando en la estación. Aquel adiós a Diego, a Rosa y Montse, estaba seguro de que era para siempre. 

El clima en invierno allí era muy duro, y aquella humedad del río Segre inundando de niebla fría el aire, fue determinante para que mis padres decidieran regresar al pueblo de mis abuelos. 

En Villafranca al poco tiempo de llegar, ingresé de aprendiz en una fragua-herrería, con la intención de que siguiera aprendiendo un oficio relacionado con lo que ya había estado estudiando. 

A mí me pareció bien reencontrarme de nuevo con las planchas metálicas, los perfiles y las gavillas de hierro, las herramientas de trabajo, y aquel olor a quemado de la fragua. 

Por las tardes cuando podía, acudía a la parroquia con otros muchachos donde un cura joven llamado Antonio llegado al pueblo, nos impartía charlas sobre la responsabilidad cristiana juvenil (JOC). 

Un día sin yo esperarlo, me preguntó si estaría dispuesto a irme a estudiar al Seminario para ser sacerdote, que el gasto estaba resuelto y que le contestara antes de empezar el nuevo curso. 

Comenté el tema con mis padres, que en principio no daban crédito, y desde luego no se opusieron, aunque dejaron claro que no me podían pagar gastos de internado. Entonces fui a ver al capellán y acepté el ofrecimiento. 

Desde aquí quiero manifestar todo mi agradecimiento a aquellas personas, que sin nosotros conocerlas se ofrecieron gentilmente asumiendo el gasto, para posibilitar el nacimiento de una vocación religiosa desde la oportunidad de la educación y la formación de unos adolescentes. 

En mi caso particular, jamás pude imaginar que a mis quince años y trabajando ya de aprendiz, yo volvería a retomar los estudios. Así fue como un buen día siguiendo las indicaciones del capellán, llegué a S. Pelagio y me subí a un autocar junto con otros chicos, que nos llevó al Seminario Menor de santa María de los Ángeles, en Hornachuelos. 

En mi equipaje llevaba dos cosas básicas, las mudas de ropa que se pedían con el uniforme obligado, una sotana de las suyas que me dio D. Antonio con su roquete y todo, pues éramos de similar estatura. Y la ilusión por incorporarme a un centro, en donde debería aprobarlo todo otra vez, desde el mismo examen de ingreso. 

Santa Dei génetrix 

Dejé atrás a los padres, a los amigos y las amigas del pueblo no sin pesar, y me incorporé con mis nuevos compañeros al Centro que estaba ubicado en Hornachuelos, desde la incógnita de no saber como acabaría aquella aventura. 

Cuando el autocar nos dejó en la explanada del campo de fútbol, me quedé un poco sorprendido, allí solo se veían chaparros, lentiscos y jaras, también el brocal de un pozo casi a ras de tierra. 

Fuimos descargando nuestros equipajes y enseguida llegó una furgoneta en la que los metimos. Luego guiados por los superiores empezamos a bajar por un camino mal asfaltado que nos llevó hasta el enorme edificio del Seminario. 

Hoy rememorando aquel tiempo pasado, he intentado ahondar en los sentimientos que experimenté a lo largo de aquella etapa, y en lo que significó para mí como joven adolescente el paso por aquel Centro de enseñanza. 

He de reconocer la sencilla manera de como se reconduce la vida de las personas por los designios increíbles del destino, o por la mano generosa del Ángel de la Guarda. En mi caso, apareció delante de mí desde la nada un camino de formación que nunca creí posible, después de dejar la escuela de Oficios en Lérida. 

En santa María de los Ángeles me asignaron los superiores una camarilla orientada al lado del río en el dormitorio llamado Beato Juan de Ávila, en la que coloqué mis cosas y me hice la cama enseguida según las instrucciones recibidas. 

Al poco de estar allí, noté que los chicos de aquel dormitorio eran mayores que los niños de primero con los que yo me agrupaba, lo que me hizo encontrarme algo más cómodo al verme como ellos. 

En primer curso yo me encontraba algo raro entre aquellos compañeros tan pequeños, pero deduje que no era el momento de poner pegas, así que intenté aplicarme todo lo que pude para conseguir nivelar mis conocimientos ante los exámenes que vendrían. 

El riesgo era suspender y tener que decir adiós a todo aquel sueño de formación intelectual y humana de primer nivel. 

Mater Christi 

El primer año en el Seminario, encontré una disciplina educativa que pulió nuestras rústicas maneras en el comportamiento, tanto en la mesa, como en el juego o en la clase. Aprendimos a comer en silencio, y a respetar a los demás desde unos fundamentos de compañerismo y de comunidad. 

Para muchos de nosotros que éramos de pueblo, fue un descubrimiento total además del método de los estudios, los hábitos repetidos de la Oración, el tiempo dedicado a la Meditación, y las lecturas de la Biblia oídas y comentadas en Misa. 

Para mí aquellas prácticas diarias ya desde primera hora, supusieron un acercamiento paulatino al concepto y el significado de Dios como Padre en nuestras vidas, y de la Religión Cristiana como la mejor guía orientadora. 

Algo totalmente diferente a lo que habíamos visto hasta entonces en nuestros pueblos de origen. Se nos descubrió un aspecto nuevo, y unas vivencias interiores muy diferentes a los ritos monocordes, que veíamos en las celebraciones de las parroquias del pueblo. 

Mater divínae gratiae 

La Misa era presentada en el Seminario como un acto religioso con un claro mensaje de integración comunitaria, desde el sentimiento de la Fe en Dios. La Meditación era vista como una vivencia personal de comunicación espiritual, y la Oración se nos ofrecía como un acto íntimo de reconocimiento, desde la fragilidad de nuestra condición humana, del Poder y la Potestad de Dios Padre, de Jesucristo, y de la Virgen María, que en el Seminario teníamos bajo la advocación de Santa María de los Ángeles. 

Yo traté de entender el verdadero significado y contenido de todo el mensaje religioso que se nos enseñaba, como una asignatura más desde la realidad de nuestra vida diaria de estudio y trabajo. 

Lo que veíamos allí, no era una retahíla hueca de palabras y de repeticiones incomprensibles, para ser solo oídas por los demás. 

A mí al menos así me lo parecía, lo que yo experimenté allí era un verdadero sentimiento interior de aceptación desde la Fe, de unos principios que suponían la base de nuestra existencia como criaturas humanas, dotadas de cuerpo y alma. Un tema sobre el que, andando el tiempo, siempre quise ahondar y aprender para comprender mejor nuestra realidad como seres humanos, responsables e inteligentes. Claramente diferenciados de todos los demás seres vivos existentes sobre la Tierra. 

Mater puríssima 

Nuestras actividades estudiantiles incluían también variedad de actos de esparcimiento y de recreo. Se realizaban salidas al campo y partidos de fútbol y algunas veces se hacían algunas excursiones a los alrededores, o se representaban funciones de teatro, competiciones de cesta y puntos, se proyectaban películas de cine, y algunas salidas al pueblo de Hornachuelos. No estábamos nunca aburridos, y el marco de la Sierra y del manso río Bembézar, que nos envolvían eran insuperables. En el Seminario aprendí a nadar en la piscina, y luego a curar heridas como enfermero. 

Jugando al fútbol fui afianzándome en el grupo de compañeros, recuerdo que solía jugar de defensa izquierdo. 

Casi siempre éramos los mismos en el campo: Baena, Barbero, Amaya, Dublino, Filiberto, Estepa, Cabello, Contreras, Luís Enrique, Jiménez Hidalgo, Torrico, Arenas, Jaime, González, Medrán, Cabello, Moreno, Bermúdez, Navarro, Roldán, Montes y un largo etc. cuyos nombres ahora no recuerdo. 

Sin olvidar a los superiores que se añadían a nosotros, bien jugando o bien arbitrando como don Lorenzo, don Carlos o don José María. 

Nunca fui brillante como futbolista, aunque me gustaba mucho jugar, he de reconocer no obstante que otros compañeros eran mucho más hábiles que yo jugando al fútbol. 

Pasado el primer año y tras un largo rosario de exámenes en S. Fulgencio, el segundo año de mi estancia en los Ángeles lo empecé en tercero, sintiéndome más integrado con los nuevos compañeros de clase. Ejercí de enfermero y solo puedo decir que tercero y cuarto se me pasaron volando, y que en quinto curso ya nos quedamos en Córdoba. 

D. Gaspar en una ocasión, me regaló un ejemplar de bolsillo del Nuevo Testamento y un Crucifijo de mediano tamaño, de los que solían llevar los misioneros, el cual aun conservo. 

Mater inmaculáta 

En S. Pelagio éramos menos alumnos que en los Ángeles, pero quizás por esta razón estábamos más conjuntados, al asumir el estudio de un modo más individual y autogestionado. 

En Córdoba asistíamos al Instituto Séneca como unos alumnos oficiales, quedando los superiores a partir de quinto curso solo como unos formadores dedicados a lo religioso, casi en exclusividad. 

Aquellas clases en el Instituto al que asistíamos mezclados con los otros estudiantes ajenos al Seminario, nos permitieron pulsar otro sentir en cuanto a la formación. 

Desde la razón de las ideas impartidas en el Instituto, nosotros contrastábamos con la enseñanza de los otros profesores, todo lo que habíamos aprendido en el Seminario. 

No se nos perdió por ello el concepto del Credo, de la Fe y de la honradez adquirida, a la hora de cotejar nuestra formación con las nuevas circunstancias del Instituto. 

Creo que nosotros asumimos de forma bastante natural aquel cambio formativo. 

Nos encontrábamos a diario en las clases también la discusión política y contestataria del momento, entre algunos de los otros compañeros del aula, apareciendo para mí por primera vez en la calle la propaganda clandestina de las ideas políticas contrarias al régimen político del poder establecido. 

Los alumnos en las clases de filosofía, ya estudiábamos el pensamiento existencialista de los filósofos modernos, como Sartre, Feuerbach, Hegel, etc. Quienes se fijaban particularmente en la realidad, para deducir en función del individuo, procurando no especular sobre supuestos imaginados. Al igual que todo lo enseñado en el Seminario, procuré entender el significado social de todas aquellas ideas filosóficas. 

Mater Salvatóris 

Fue verdad que la imagen de la Iglesia en general nos apareció un poco diferente, al constatar que a lo largo de la historia no todo fueron rosas, pues desde las épocas oscuras del Medievo fueron cometidos muchos actos reprobables esgrimiendo el Credo y la Fe como justificante y argumento. 

Esta claridad de articular razonamientos a partir de datos reales, si que la encontramos distinta en el Instituto, quedando marcada una diferencia clara y notoria con respecto a los enfoques formativos que habíamos recibido hasta entonces. Compaginado con el estudio seguía estando el deporte, que solíamos practicar en el patio de cemento en partidos de fútbol interminables, o en el campo de tierra de S. Eulogio al que podíamos ir un día por semana. En alguna ocasión recuerdo que nos vimos con otros compañeros que dejaron el Seminario, y se habían ido a trabajar, a estudiar a otro sitio, o al ejército de voluntarios, también teníamos salidas a nivel individual y en grupos por Córdoba sin la tutela de los profesores, de hecho, cada día íbamos al Instituto por libre, cada cual a sus clases según los horarios de la distribución. 

Algunos ya empezábamos a fumar aquellos celtas cortos sin boquilla, y los más atrevidos fumaban un tabaco oloroso en cachimba, y hablarle de tú a los profesores del Seminario, un hecho nunca imaginado. Recuerdo aquellas tapas de aceitunas que tomábamos los fines de semana en los cafés, que circundaban la zona de la Catedral. 

Virgo Veneranda 

En aquella época pedí permiso a la jefatura, para poder ir a casa los fines de semana y llevar la ropa sucia con una moto que me compraron mis padres, ésto me permitía seguir en contacto con los amigos del pueblo, procurando por mi parte mantener un comportamiento correcto como seminarista. 

Enfrente del Seminario al otro lado de la calle, había un colegio de chicas de la Divina Pastora a las que veíamos cuando las ventanas estaban abiertas. 

Algunos de nosotros nos hicimos amigos suyos, a fuerza de verlas desde el ventanal grande que se encuentra encima de la puerta principal. 

El Celibato obligado representaba otro de los obstáculos más importantes a salvar, al tener que renunciar de pleno a nuestra natural inclinación como hombres, si es que queríamos ser ordenados un día sacerdotes y vivir el resto de la vida como curas. 

Sin familia, para así mejor servir a Dios y a la Iglesia Católica, por una imposición posterior a los Apóstoles de hacía unos mil años, que dejó claro: Que, para aspirar a la beatitud espiritual, y servir mejor la función ministerial, el clero se debía abstener de casarse y formar una familia. 

Spéculum iustítiae 

Para lograr una vida espiritual plena el clero debía ser célibe, emulando así a la figura de Cristo que era célibe, y no se casó ni tuvo hijos. 

Desde mi punto de vista, nosotros teníamos vocación de servicio hacia los demás, comprendíamos la importancia del papel formador de la Iglesia en la sociedad como una Institución testimonial del Evangelio, y defensora de los valores morales y espirituales desde la propagación de la Fe, y de las enseñanzas de Cristo. 

Pero aquella imposición del celibato nos frenaba en seco, significaba vivir el resto de la vida en soledad entre los demás vecinos como una rara Avis, que se iba distanciando de sus iguales sin formar parte de la comunidad, por la sola obligación de ser un célibe. En lo espiritual entendíamos que el celibato tampoco equivalía a ser garantía de mejores personas, o más dignos ante los ojos de Dios. 

Nosotros solo éramos simples muchachos, nuestra responsabilidad social iba a ras de suelo para con los demás iguales: Ni éramos místicos, ni santos, solo personas comunes. 

Yo entendía que la Iglesia necesitaba sacerdotes disponibles sin ataduras, solteros, célibes y sin familia. Pues la familia exige cuidados y dedicación a la mujer y los hijos, pero nosotros los seminaristas, solo queríamos ser gente común y corriente. 

Cristo presentó una senda de perfección desde el celibato a sus seguidores, para que quien pudiera asumirla la siguiera. Pero no les mandó ser célibes a sus Apóstoles de forma excluyente con el ministerio, ni creo que tampoco ahuyentó a las mujeres que se le acercaban en su vida pública, sino que las trataba desde la igualdad con los hombres, la compasión y el respeto. 

Sedes sapiéntae 

Dómine, non sum dignus ut intres sub tentum meum; sed tantum dic verbo, et sanábitur anima mea. 

Comprendiendo que debíamos elegir pronto entre una cosa y la otra, con todo el dolor de corazón nos debatíamos entre nuestras dudas, procurando digerir aquella pugna de responsabilidades que afectaban a nuestras vidas. 

El siguiente paso era marchar a Sevilla para avanzar un escalón más en la carrera eclesiástica, estudiando los cursos de Filosofía y Teología. 

Tratábamos de encuadrar nuestras vidas lo más honestamente posible con la realidad social en que vivíamos. Siempre se nos hablaba de ser humildes ante la Potestad de Dios, y de respetar a las demás personas desde un trato de Bondad, Compasión, de Caridad y de Justicia. 

En mi caso, como supongo que en el de otros compañeros, me ocurrió que surgió el afecto hacia una chica. Mi formador D. Lorenzo ya me dijo en una ocasión: Que eso era lo normal por nuestra condición de personas, somos hombres y mujeres concebidos para unirnos y formar una familia: Pero que, si yo no me veía como el padre de los hijos de aquella chica, que lo mejor era cortar con ella por lo sano antes de sufrir por ello, y de hacer sufrir a la otra persona innecesariamente. 

Rosa mystica 

Le hice caso y corté con aquella chica, pero don Lorenzo me dio también con su respuesta la solución a algunas de mis preocupaciones. 

Provenientes de nuestros pueblos, muchos de nosotros veíamos a la familia como el soporte fundamental de nuestra estabilidad personal, y creíamos que el ejercicio de la función religiosa no debía estar desligado de ella de forma irreconciliable. 

En el curso 1971/72 estando en COU, por un descuido administrativo no se pidió a tiempo mi exención militar como seminarista, mi mayoría de edad me puso en la disyuntiva de dejar el estudio en el Seminario para cumplir con el servicio militar, cosa que quise llevar a cabo con total normalidad como cualquier otro joven. 

Aquella experiencia militar me permitió una libertad de acción y una reflexión en soledad, que me hizo adoptar una determinación firme; dejaría el Seminario. 

Allí me orienté hacia la vida civil gracias al consejo de un capitán médico, que conocí y que me pareció ser un hombre serio y respetable. Ante mis dudas de seguir para el curso de sargento en Toledo, me aconsejó que, si buscaba en el ejército solo una salida profesional, que mejor era que no lo intentara, pues debía ser vocacional la carrera militar, ya que exigía bastante sacrificio y renuncia personal. 

Un consejo que también me valía para solucionar mis dramas internos, ante la disyuntiva de seguir en S. Telmo o decantarme hacia la vida civil, así que me armé de valor y escribí una carta diciendo que lo dejaba. 

Una vez licenciado me marché a Badalona, atendiendo el consejo de un compañero que era de allí, un cabo de la misma compañía de un reemplazo anterior, que se ofreció a acogerme en su casa unos días hasta que encontrara trabajo y alojamiento. 

Andando el tiempo pude emplearme en una empresa de ámbito nacional, luego casarme e iniciar una vida de familia que gracias a Dios aun perdura. 

Vas honorábile 

De todas maneras, he de que decir que el Seminario en su conjunto, representó para mí un referente de valores de un altísimo nivel, en todo lo tocante a la educación, la madurez que adquirí como persona desde la Fe, y la actitud ante la realidad de la vida. 

He de reconocer que, sin aquella formación espiritual y humanística en el Seminario, yo no habría podido lograr desde mi trabajo de herrero, la madurez personal alcanzada posteriormente como adulto. 

Aquella formación recibida me permitió salir adelante con cierta solvencia en el mundo comercial competitivo en el que me tocó vivir después, lidiando con personas de toda la geografía nacional desde la óptica humanística aprendida. Asumiendo a nivel personal la responsabilidad natural de ser honesto en el trabajo, ejercer lo mejor posible de compañero de mi esposa, y de padre de familia. 

Consolátrix afflictórum 

El rescoldo que nos dejó el Seminario dura en el tiempo hasta el presente, animándonos a muchos de aquellos antiguos alumnos a mantener después de cincuenta años, las ganas de estar en contacto mediante escritos, de saludarnos, aunque sea en la distancia en muchos casos, y de desearnos lo mejor unos a otros después de cincuenta años. 

Participando quienes pueden hacerlo, en reuniones concertadas amparados todos por el afecto y el calor de aquellos años vividos como jóvenes estudiantes. 

Juan Martín

lunes, 26 de marzo de 2018

Reunión en Plateros del Grupo Córdoba

CRONICA DE LA REUNIÓN, DE LOS VICARIANOS CORDOBESES, CELEBRADA EL DÍA 22 DE MARZO DE 2018,
EN LA SOCIEDAD DE PLATEROS 

"Veni, vidi, vinci" 

Efectivamente, llegó el hombre -Paco Nieto- con su perol de “potaje de garbanzos” y triunfó. ¡Riquísimo! Algún vicariano, que otro, repitieron hasta por “tres veces”: para eso estábamos en puertas de Semana Santa. 

—¿Dónde está la gente? —me increpa una voz por el móvil— ¡Es las una y aún no hay nadie por aquí! 

Claro, es que los que se olieron que el perol, llegaba a las una y media de la tarde, se hicieron su idea de no presentarse hasta ese gran acontecimiento. ¿Idea acertada? Lo dejo para su estudio y consideración. 

Buen número de comensales y “comensalas”, mejor dicho… excelente grupo los que allí nos prestamos a degustar tan rico manjar. Se nota que, el medio día, es más propicio para las reuniones. Por cierto, en esta ocasión, la reunión la adelantamos al día 22, ya que el último jueves coincidía con la festividad de Jueves Santo. 

Primero comenzamos por festejar el aniversario de nuestro amigo Antonio Hidalgo Naz, que antes nos había agasajado con unas tapitas. A continuación, lo hicimos por todos los presentes, es decir, por todos aquellos que englobamos esta gran familia de “Vicarianos de Santa María de los Ángeles”. 

Luego ya se sabe, zafarrancho y a darle “al pico” ¡Que bien se nos da eso! No hay quien nos hiciera callar, a pesar de los requerimientos en contrario. ¡Cómo nos cunde! 

He de hacer mención al rico pan que nos trajo el amigo Pacomo (Paco Moreno). De la insigne panadería del Vacal. 

Y cuando ya se hubieron cansado, sus señorías, de catar tan rico manjar, del que prácticamente sólo quedó el caldo, se retiraron de la mesa. ¡Y nunca mejor dicho! Se piraron para la barra del bar, a tomar el cafelito y otros elixires. ¡Pero se les olvidó eso de recoger la mesa! A pesar de lo bien que nos lo enseñaron en Santa María. La próxima vez, no se nos olvidará. 

Por hoy recojo y doy por terminada la historia. Guardaremos fuerzas para el ansiado Priego de Córdoba. 

Hasta entonces, cuidaos y a apuntarse, cuanta más gente, mejor. 

Un fuerte abrazo. 

Andrés Osado Gracia
Córdoba, 22 de marzo de 2018

viernes, 9 de marzo de 2018

Fernando Prior Castro

Soneto a  Priego


Enclavado en las  béticas  alturas,
minado por las  aguas  alcalinas
que  brotan  de  tus  fuentes  cristalinas,
Priego  estás  rodeado  de  angosturas.

Tus iglesias,-barroca  arquitectura-,
conservan  como  cuentas  de  rosario
engarzadas en  fino relicario,
los tesoros  del  arte y la  cultura.

Son tus  casas palomas  que  se  asoman 
al tajo del  adarve  de  tu villa; 
por la  noche  en luceros  se transforman;

te  visten de  luciérnaga  mantilla.
La  belleza  que encierran y atesoran ,
nos  admira, obnubila  y  maravilla.

Aguilar , 9 de  octubre de  1986


domingo, 4 de marzo de 2018

Crónica de la 27ª reunión Grupo Madrid

Reunión en casa de Antonio López Arenas 

Madrid, 3 de marzo de 2018

Desde la Navidad de 2016 no pisábamos la quijotesca urbanización “Nuevo Toboso”, donde se ubica el palacete de Antonio López. Parece que te vas a encontrar con Don Quijote en cualquier esquina: Ronda del Caballero de la Mancha, Calle Aldonza Lorenzo, Ínsula Barataria, Princesa de Micomicona.... Si el traslado lo hubiese hecho a pie habría pasado inadvertido vestido de Sancho Panza. 

El día ha amaneció claro oscuro.¡ El cielo ha cogido una llantina y es que no para! Para mí que es por lo del 0,25% y en lugar de reírse se ha puesto a llorar. No sé. Menos mal, porque anoche pensaba: “Mañana, como llueva, cuando llegue al destino y me baje del coche, tendré que agarrarme a un árbol hasta que el líquido endolinfa me permita mantener la verticalidad”. Lo digo por el limpiaparabrisas. No hizo falta. 

Con la puntualidad de una retransmisión de Fin de Año, llegamos a casa de Antonio cargados de viandas. El anfitrión no estaba en ese momento en el domicilio. Nos encontramos a dos electricistas arreglando el cuadro eléctrico, y al servicio, como dicen los pijos, con sus labores. Invadimos literalmente el complejo. ¡Para eso estábamos en nuestra casa! Pronto llegó Antonio y nos abalanzamos hacia él para saludarlo. Entre risas y palmotazos empezamos a desembalar los víveres. ¡Qué barbaridad! cada pareja traía comida para quince personas, menos nosotros que se nos fastidió la batidora haciendo salmorejo. Se salvó la primera hornada. 

Tenía que empezar el cachondeíto. Con mi bufanda larga, que podía servir de cincha para aparejar un mulo, la utilicé a forma de beca. El Vilas cogió una servilleta blanca y la fijamos con una pinza de la ropa. ¡Ya está! El resultado lo podéis observar en las fotos: ¡latinos sexagenarios! Nos acordamos de todos los ausentes. 

En el orden del día aparecía, como primer punto, la degustación de aceite. Antonio nos entregó la documentación necesaria: “Manual formativo catas AOVE”. La mesa emulaba la de un Consejo de Ministros. La exposición fue magistral. El orador expuso de forma clara retazos del mundo del olivo y, por ende, del aceite. Hubo dos fases: una teórica y otra práctica. En esta última nos hizo catar cuatro clases de aceite. Calentar, girar, olfatear y degustar; estos fueron los cuatro pasos que tuvimos que realizar en cada cata. La próxima vez que vaya a Mercadona exigiré al dependiente, antes de comprar, la necesidad de catar el aceite. No sé si colará. Nos lo pasamos muy bien, aunque los estómagos ya estaban rugiendo. 

En un momento, la amplia mesa se llenó de exquisiteces caseras. Después de cantarle a Antonio López el “Cumpleaños feliz” por su próxima efemérides, comenzamos la ingesta con alegría, tino y tiento. El tiempo transcurría inexorablemente y las cabezas comenzaban a moverse negativamente ante el ofrecimiento de un nuevo plato. Manolo Jurado y Antonio Rodríguez hicieron de chefs en la plancha, preparando los choricitos, salchichas y carne. ¡Cómo eché de menos a Antonio y a Cari! Victoriano y yo dando el visto bueno a todo. 

En los postres, y ante dos magníficas tartas caseras, el Vilas nos ofreció en rigurosa exclusiva la película que ha montado de fotos y encuentros a lo largos de estos años. Magnífico montaje arropado por una música de nuestros años jóvenes, apta para la juntera. No saqué a Andrea a bailar porque no me podía mover, pero algo noté que se movía por los bajos. 

Al final la foto de grupo. Me tocó la segunda fila y saqué más pescuezo que un cataor para que se me viera. Si me pongo delante salgo gordo y si me pongo detrás no salgo. ¿No sé qué hacer? 

La despedida la hicimos dentro por culpa de la lluvia. Antonio López siempre consigue ofrecer calor de hogar. Gracias Antoñito. 

Con la esperanza de vernos en Priego y el corazón lleno hasta los topes, comenzamos el camino de vuelta a casa. 

¡A esto le llamo yo beberse la vida a sorbos! 

Paz y bien.