e-mail: santamariadelosangeles63@gmail.com

jueves, 21 de septiembre de 2017

EXCURSIÓN A LA ISLA TABARCA (11-9-2017)

Crónica de Pedro Calle Ballesteros

Una crónica como la que nos ocupa reúne prolegómenos, viajes, paseos, cervezas y comida, un helado o copa antes de iniciar las afectuosas despedidas y algunos detalles deleitosos. No quedaría completa sin las vistosas fotos del grupo y del lugar, en este caso a cargo de dos “primeras espadas”: Manuel Jurado Caballero y Miguel López Navarro. 

Me encomiendo a mis Guías espirituales y a la Divina providencia para componer el mejor relato posible, capaz de agradar a todos.

Los prolegómenos ya quedaron adelantados en la “Crónica al alimón”, que escribimos para el blog Antonio Roldán y un servidor de ustedes, hace unas semanas.

Resumo brevemente: En conversación telefónica Miguel y yo pensamos en la isla Tabarca, (única isla habitada de la Comunidad Valenciana), como lugar idóneo para pasar el día con Manuel Jurado y nuestras inseparables compañeras Manuela y Mónica.

Después de sopesar distintas opciones resolvimos coger el barco en Santa Pola y no en Alicante. (Desde Alicante la travesía en barco dobla su duración). Miguel no necesitaba más de un cuarto de hora para plantarse en el puerto de Santa Pola desde su residencia en Elx (Elche). Habíamos acordado abordar juntos el barco que parte a las 11 de la mañana hacia la isla y regresar en el último barco de vuelta, el de las 18:30. 

Mónica y yo recogimos a Manuela y Manuel a la puerta de su hotel en La Vilajoiosa (Villajoyosa, “La Vila”), al ladito del Montiboli, residencia en otro tiempo de reyes, magnates y famosos. 

Gozosos estaban nuestros amigos al presentarnos sin retraso a la cita y también de volver a vernos después de cinco meses. Comprobamos que el afecto mutuo se acrecienta sin que podamos, (ni queramos), evitarlo.

El viaje, de unos 60 Km. hasta Santa Pola, discurrió sin tropiezos, aunque el tráfico era espeso. Manuel nos ilustró por el camino sobre los pintorescos paseos por la costa escarpada y alrededores de La Vila, que había realizado cada mañana con su hija Ana Mª.

Tardamos casi una hora en llegar. Dejé el coche aparcado en el primer hueco que encontré, en previsión de no hallar aparcamiento en la zona del puerto. Rápida ojeada al nombre de la calle para no despistarnos a la vuelta, (Calle Canalejas), y pequeña caminata hacia el puerto. 

Al llegar a las 10:30 al embarcadero recibimos mensajes del móvil de Miguel que nos esperaba a pie del barco. Nos pide que corramos porque la embarcación está a punto de salir. Mientras le alcanzamos, saca nuestros billetes para la travesía. (Más tarde nos explicará que ha negociado una rebaja importante en el precio de los mismos, es un crack).

El patrón del barco desde la pasarela nos hace gestos para que aceleremos. Al pasar a bordo nos regaña porque hemos provocado un retraso en la salida del pasaje. Comento entonces al patrón que años atrás me llevaban gratis por ser el último maestro de la escuela de la isla. No pica y me responde que ese privilegio ha caducado hace mucho tiempo. Es igual: hemos cogido el barco que sale media hora antes de lo que habíamos previsto y estamos encantados de navegar en tan claro y bonancible día, animados como si fuéramos chavales. 

Buscamos un lugar en cubierta y nos acomodamos. Miguel y Manuel no tardan en disparar las primeras fotos. Manuela, acompañada por Mónica, reza para no marearse. Le sugiero que mire al horizonte relajadamente. El trayecto, de casi media hora, termina felizmente con la arribada al pequeño puerto de la isla. Antes de descender a tierra nos sugieren por megafonía bajar a las bodegas para ver, a través de los ventanales acristalados de la quilla, los pececillos, doncellas, doradas y sargos que parecen asomarse a los cristales para vernos a nosotros. El agua limpísima que rodea la isla nos permitió divisar las rocas y posidonias del fondo marino, algas que se asemejan a la hierba alta. 

Durante el recorrido por las murallas, el agua cristalina llama la atención de nuestra pareja de Móstoles. Aprovecho para relatarles que las aguas y fondos que rodean la isla han sido declarados patrimonio natural y reserva marina de España por su saludable y rica biodiversidad. Desde 1986 está severamente penada cualquier tipo de pesca o actividad que atente contra la flora o fauna del entorno marino de la isla. 

Breve historia de la isla, obtenida de la Wikipedia:

“La pequeña isla de Tabarca, cercana a África, estaba protegida y gobernada por la insigne República de Génova y habitada desde tiempos inmemoriales por cristianos. 

Fue conquistada por el rey de Túnez el año 1741. Una guerra perdida por Túnez años después contra Argel convirtió a los tabarquinos, cautivos del rey tunecino, en cautivos del rey argelino, continuando sus penalidades y trabajos casi otra década. Sólo unas cuantas familias de cautivos lograron quedarse en Argel. 

Fray Juan Bautista Riverola, cura agustino, visitó, asistió y consoló a su amado pueblo viajando entre Túnez y Argel durante los años del cautiverio. 

Nuestro católico monarca don Carlos III, el año 1759 los redimió con suma liberalidad y magnificencia el día de la Concepción Purísima de María Santísima. 

Efectuado el pago de su redención, fueron conducidos a la ciudad de Alicante 394 liberados con su cura agustino. 

El Excmo. Conde de Aranda influyó en la decisión del monarca para que la isla Plana de San Pablo fuera el lugar elegido como asentamiento de los antiguos tabarquinos. Por ello esta isla pasó a llamarse “Nueva Tabarca”, aunque ahora se denomine Tabarca, como la isla africana”.

Llegamos a la puerta de Levante o de San Rafael, que da entrada al pueblo, con su arco de piedra caliza modelada por el azote de los vientos. Manuel comenzó allí una nueva tanda de disparos fotográficos. Luego avanzamos por la calle principal, las chicas visitando un par de tiendas turísticas y nosotros pensando en fotografiar la iglesia de San Pedro y San Pablo, recientemente reconstruida; buscando el restaurante Don Gerónimo, que le habían aconsejado a Miguel; o ansiando una cañita fresca. 

Enfrente de la iglesia se halla el restaurante buscado. Manuela y Mónica nos divisaron al salir de las tiendas. Todo confluyó afortunadamente en la anhelada cerveza, (ya tenía yo la boca más seca que una mojama).

Me presenté al gerente y camarero del pequeño restaurante, Fernando, como último maestro de la escuela unitaria prefabricada de la isla. Fernando me explicó que el negocio, que él atiende, pertenece a mi amiga Ada, hija del “Foto”, quien desgraciadamente hoy se halla ausente de la isla. Se presentó entonces el hermano de Ada. Cuando le dije quién era protestó alegando que él fue alumno ese curso y no me parezco en absoluto a su maestro.

-¿Cómo se llamaba tu maestro?

-Pedro

-Han pasado unos 33 años desde entonces. He cambiado mucho, peso casi 20 kilos más, pero me sigo llamando Pedro –le contesté. 

-A mí me llamaban Chiqui.

Nos dimos la mano. También me saludó un hijo de Ada. Ésta cuenta ahora 48 años de edad. Tenía 15 cuando nos conocimos.

Miguel, que no pierde el tiempo, concertó la comida para la 13:30. Además de los aperitivos de gambitas y boquerones fritos, el menú incluye arroz a banda, ensalada y una gallina por persona. Antes de que Manuel cambiase la cara de sorpresa le aclaré que aquí gallina se refiere a un exquisito pescado de color rosáceo que se nos servirá hervido con una salsa deliciosa.

Paseamos, como es de rigor, por la muralla reformada y alcanzamos la puerta de la Trancada o de San Gabriel, de la misma piedra caliza que la otra puerta e igualmente diseñada por los frecuentes vientos que vienen y van por esta “Isla Plana” o “Nueva Tabarca” como yo por mi casa. Al final del paseo encontramos la tercera puerta, de tamaño algo menor, la puerta de Tierra, de Alicante o de San Miguel, orientada hacia la costa alicantina.

No paré de contarles a mis “compas” detalles y locuras de mi año escolar como habitante de la isla. Miguel, que también conoce bien este rincón del mundo, tomó la iniciativa y nos mostró la cueva del “llop marí”. Cuando yo llegué a la isla, las focas de la cala donde se halla la cueva eran sólo un recuerdo. Imagino que el boom turístico las alejó definitivamente. Miguel fotografió el lugar y nos descubrió una construcción antigua al pie de la muralla, a poco más de un metro sobre el agua del mar: el arco de una vieja puerta tapiada que sugiere un antiguo acceso a la cala. 

No es su primer descubrimiento, poco antes nos había llamado la atención sobre una especie de barbacana con dos frentes en ángulo recto y con una serie de pequeñas puertas en la muralla interior. Confesé que no conocía el propósito de aquellas edificaciones. Entre los tres chicos deducimos que toda la construcción debió corresponder a una defensa contra los bucaneros o berberiscos y que las pequeñas puertas del recinto interior de la muralla podían ser la armería del fortín. 

A partir de ahí, renunciamos a rematar el paseo llegando hasta la playa y deliberamos buscar pronto alivio a nuestro creciente apetito. 

Antes de terminar la segunda caña, el camarero nos trajo la ensalada y los aperitivos. Aprobación general y cata del alioli en las rebanadas de pan. La gallina estaba de rechupete y los chicos atacamos hasta las cabezas, que recuerdan ligeramente a la del rape. Rematamos la comida con el sabroso plato de arroz a banda, unos helados y café.

Abusando de la confianza de Fernando nos quedamos charlando alrededor de la mesa mientras los demás clientes, que llegaron después que nosotros, nos iban dejaban solos.

Nos despedimos finalmente de Fernando para salir a pasear la zona esteparia de la isla, donde se halla la Torre de la Guardia Civil, el Faro y el Cementerio, en el extremo opuesto al pueblo. 

Miguel se disculpó porque precisaba aliviarse urgentemente. Desapareció entre las chumberas mientras crecían las embestidas de un viento levantisco. Nuestras mozas renunciaron enseguida a continuar el paseo.

Manuela y Mónica se encaminaban hacia el puerto cuando reapareció Manuel, que se había marchado solo a los acantilados. Enseguida se le unió Miguel con cara de satisfacción.

-¡Qué a gusto me he quedado! –comentó al reunirnos de nuevo los tres fenómenos. 

El fuerte viento arreció disuadiéndonos también a nosotros de continuar la excursión. Ni siquiera llegamos al Faro. Nuestras chicas nos propusieron coger el barco de vuelta a Santa Pola, a punto de salir. Eran las 6 de la tarde. Adelantamos la hora prevista para el regreso empujados por el incómodo viento desabrido y brabucón.

Durante la travesía de vuelta, Manuel aguantó estoicamente mis explicaciones sobre la Tierra hueca, teoría que no ve nada clara. Luego comentamos la conveniencia de ilustrar la Crónica con unas cuentas fotos y dejar el resto en una galería aparte. 

El mar estaba ligeramente picado, aunque el viento, logrado su propósito de expulsarnos de la isla, fue amainando. Manuela llegó bastante mareada a tierra firme, pero no tuvo que utilizar la bolsa de plástico. Sudores, abanicazos de Mónica y abrir la ventanilla la aliviaron lo justo. Cuando, ya desembarcados, se recuperó un tanto del agitado trayecto, confesó que la isla le había gustado mucho, pero que no pensaba subirse a otro barco para volver a visitarla.

Faltan algunos detalles finales. Ofrecí tomar un helado o granizado antes de separarnos. Miguel ponderó la heladería Baldó como la mejor de la zona. Granizados de limón los chicos; helado Manuela; nada Mónica; y yo mi deseado café granizado. (Un día es un día).

Manuel me hizo una jugarreta y pagó las consumiciones a mis espaldas. Se lo perdoné porque a un amigo como él simplemente se le quiere. A cambio de mi generosidad encauzará nuestro regreso por la autopista y pagará el peaje. Así quedamos en paz, ¿no?

Claro, que antes Miguel se despidió de todos nosotros dándonos abrazos, besos y serias advertencias de que irá a visitarnos siempre que quiera y pueda.

El último incidente, al buscar mi coche, enfrentó a Manuel y Mónica en un duelo fratricida de orientación. Yo no recordaba el nombre de la calle en que había aparcado el coche y no lograba orientarme tampoco. Ambos emprendieron la búsqueda por caminos separados. Mónica puso el radar y dio con el coche, pero Manuel y Manuela se nos habían perdido de vista. Me tocó ir a buscarlos rezando para que no se hubieran alejado demasiado. Los encontré enseguida. Manuel me pidió que no relatara el incidente en la Crónica. Le hice ver que, aunque seamos buenos amigos, una petición como esa soy incapaz de cumplirla. Me miró resignado y le prometí que lo redactaría con cariño. Lo importante en este episodio es el empeño y determinación de Manuel en encontrar el coche, y la humildad con que reconoció el error, al que yo mismo le induje con mis suposiciones equivocadas. Manuel es encantador incluso cuando se equivoca, pues nunca culpa a otros. Normalmente arrostra con decisión los encuentros amistosos de los que disfrutamos los demás. Nunca se queja ni pide nada a cambio de sus esfuerzos organizativos. Dichosos aquellos, que como yo, lo tengan por amigo. Gracias, Manuel, y perdóname el relato de la tontorrona anécdota.

Llegamos a la puerta del hotel en que se alojan nuestros amigos y nos despedimos unos de otros lo mejor que pudimos. A la mañana siguiente regresarían a Móstoles y no había más remedio que separarnos para que pudieran descansar y no nos consideraran unos pesados. 

Así terminó un día inolvidable del que sólo he relatado los pormenores menos interesantes. ¡En el tintero quedan tantas confidencias personales! Creencias, opiniones e intimidades, que cada uno hemos expresado, no soy quien para comentarlas aquí. Como se dice en el romance del marinero:

“Yo no digo mi canción sino a quien conmigo va”. 

Compartimos un hermoso día con el más intachable respeto y el más profundo cariño. Queda la ilusión, habitual entre todos los amigos del blog, de nuevos y maravillosos reencuentros. Un fuerte abrazo y hasta pronto.

sábado, 9 de septiembre de 2017

UNA CRÓNICA AL ALIMÓN

EL  REENCUENTRO

Pedro.- Tras el emotivo y rejuvenecedor encuentro en el Patio de los Naranjos, este pasado mes de abril, quedaba abierta una ilusión de reencuentros entre los viejos amigos de aquel lejano Preu de 1970-1971: Manuel Jurado, Antonio Roldán, Paco Carrillo, Ángel Lucena, José Antonio Naz y Pedro Calle, junto a sus encantadoras compañeras. No tardamos en valorar la posibilidad de volver a encontrarnos el próximo curso abriendo el abanico de participantes a otros compañeros que así lo desearan.

Pero vayamos a los hechos. Correo electrónico y teléfono encendieron las expectativas de algunos reencuentros este mismo verano. La mejor carambola nos reuniría a Manuel Jurado, Antonio Roldán, Miguel López y a mí, junto a nuestros respectivos familiares. Miguel y yo planeamos pasar el día, todos juntos, en la Isla Tabarca (Alicante). Antonio nos había anunciado que vendría a Alicante con Censi, en agosto, a visitar la Exposición de los Mayas, a ver a su hija María y a disfrutar una semana y media de vacaciones. Manuel y Manuela nos comunicaron que se reunirían con sus familiares en Villajoyosa durante unos días de veraneo.

Antonio.- La verdad es que acostumbramos visitar muy frecuentemente Alicante por varios motivos, uno de los principales es porque en ella reside y trabaja como embrióloga nuestra hija mayor, María. Pero este año no podíamos pasar por alto acudir a la Exposición Internacional “Mayas. El enigma de las Ciudades Perdidas” que se celebra en dicha ciudad, pues presenta sugerentes piezas traídas hasta el Museo Arqueológico de Alicante desde diferentes partes del mundo: Museo Nacional de Guatemala, Fundación Ruta Maya, Colección Neria Herrera, Museo de Etnología de Berlín y el Rautenstrauch Joest Museum de Colonia.

El Hombre jaguar. La escultura monumental del hombre con atributos de jaguar. 
Período Clásico Temprano (250–600).
Una de las muestras más interesantes y enigmáticas de la Exposición.
Puede uno pasear, en dicha exposición, por la selva, donde entre sus grandes árboles se aprecian las ruinas de las pirámides, observatorios y templos. Pero lo más importante es el misterio de su creación, dioses, contactos interestelares y sobre todo de su desaparición como cultura y raza… misterios que la ciencia oficialista no explica mientras, en su endogámico orgullo, elude aceptar las teorías de otros que sí dan una posible explicación a ciudades como Tikal, Palenque, Chichen Itzá, Copán o Calakmul.

Máscara de Jade. Periodo Clásico (900 a.C.).
Muestra Exposición Maya
También era objetivo de estos días el encuentro con algunos de los antiguos amigos que nos reencontramos en Córdoba la pasada primavera.

Pedro.- Los mejores planes del reencuentro se diluyeron, ya que Antonio y Censi regresarían a Cabra el día 14 de agosto mientras que Manuel y Manuela no vendrían por aquí hasta el 4 de septiembre.

Antonio y yo concretamos el lugar de encuentro en el hotel Meliá, donde se suelen alojar en sus visitas a Alicante, a las 20:30, hora en que el calor cede y la ciudad de Alicante comienza a bullir con creciente intensidad.
    
Esa misma mañana me llamó por teléfono Miguel para que nos viéramos ambos por la tarde con “Palito” que estaba de paso por Alicante. Le ofrecí un cambio de horario con cerveza y aperitivo de media mañana en Mutxamel, pero al final no logramos quedar.

Explicaciones y pormenores ya están dados. Falta añadir, antes de relatar el reencuentro anunciado, que Manuel y Manuela, Miguel, Mónica y yo intentaremos pasar un día en Tabarca, (¡adelante con los faroles!), la segunda semana de septiembre, si todo va bien. ¡Cómo alivia la amistad el persistente calor de este húmedo verano!

Antonio.-  Tanto a Censi como a mí nos gusta hospedarnos en el Hotel Meliá, cercano a un bellísimo lugar, “La pasarela de la Volvo”, construida sobre uno de los diques del Puerto con motivo de la primera salida de la Regata Volvo Ocean Race que se celebró en Alicante, en el año 2008 y dio la vuelta al mundo.

Pasarela Volvo. Construida sobre uno de los diques del Puerto
con motivo de la primera salida de la Regata Volvo Ocean Race
Es lo más parecido posible a caminar sobre el mar. Queda al margen del tráfico, comercios, vendedores ambulantes y el bullicio de la ciudad, de modo que al caminar por él uno sólo oye el sonido del mar y del viento, con las olas rompiendo justo debajo.

Pedro.- Tras dejar el coche en el parking del Meliá nos dirigimos a la entrada del imponente hotel enclavado entre la playa del Postiguet y el Puerto de Alicante. Nuestros amigos no aparecían. Echamos mano del móvil pero el número de Antonio estaba comunicando. Mientras la recepcionista me decía que no cogían el teléfono en la habitación de Censi y Antonio, aparecieron ellos con una bonita sonrisa en sus semblantes. Intercambio de abrazos y besos. Antonio nos comenta a continuación que debió atender una llamada inesperada cuando se disponían a bajar.

Vista del Mediterráneo desde una balconada del Meliá Alicante.
A continuación dejo ver mi escasa pericia como guía y Antonio sugiere un lugar para sentarnos tranquilos mientras tomamos cervezas y vermut. El sitio se lo ha recomendado su hija María: una terraza de la plaza de la iglesia de Santa María. Acierto total pues el lugar está aislado del ajetreo turístico, es agradable y permite conversar convenientemente.

Antonio.- Mientras nos dirigíamos al lugar, por la Explanada del Puerto, divisábamos en el Monte Benacantil, recortándose sobre el horizonte cercano, el Castillo de Santa Bárbara, asentado sobre la famosa roca “Cara del moro”. Esta visión nos rememoró la leyenda que nos revela la procedencia del topónimo de la ciudad de Alicante:

“Cántara era una musulmana, hija del Califa de aquel reino de Taifas. Dicha joven poseía una belleza sobrehumana y no fue de extrañar que dos jóvenes se enamorasen perdidamente de ella, por lo que el Califa decidió que uno de esos dos jóvenes sería un buen marido para su hija, pero ¿cuál de los dos?

Vista de la Playa del Postiguet. Actividades deportivas de remo
El Califa, ante el dilema, tomó la siguiente decisión: los pretendientes, ambos caudillos del moro Muza, deberían llevar a cabo una tarea determinada. Almanzor, aceptó ir a la India para conseguir raras especias que ofrecer a su amada, mientras que Aly se comprometió ante el Califa a cavar una acequia enorme capaz de conducir el “agua verde” a Alicante desde Tibi.

Mientras que Almanzor surcaba rápidamente los mares con sus barcos hacia las Indias en busca de especias, Aly no cumplió su trabajo: se dedicó a escribir poesías a su amada e ir hablando de su belleza por doquier. Cántara se enamoró de él perdidamente y se entregó a Aly en alma y cuerpo.

.- Panorámica de la Plaza del Ayuntamiento y fachada del mismo.
Al pie del primer escalón de este edificio se encuentra la 
“cota cero sobre el nivel del mar” de la Península Ibérica. 
Cuando llegó Almanzor a la costa de Alicante con sus barcos cargados de especias, el Califa le concedió la mano de su hija. Aly, desesperado por la noticia, se tiró al vacío por un barranco del Benacantil. Cántara, sumida en la desgracia por la pérdida de Aly, decidió seguir sus pasos y se precipitó al mar desde el risco de San Julián, que desde entonces vino a llamarse “El salto de la reina mora”. Se comenta que el Califa murió de tristeza y que, sorprendentemente, su efigie apareció grabada en el monte Benacantil. La corte, impresionada por los hechos, decidió llamar a la ciudad “Alicántara”, de donde procede el nombre actual, Alicante…”

Pedro.-  Como suele ocurrir, Censi y Mónica emprendieron su diálogo por un lado mientras Antonio y yo lo hacíamos por el otro. No voy a reflejar aquí el cariño que siente Antonio por sus tres hijos y lo orgulloso que está de ellos. Por mi parte, le comento nuestra aproximación a la meditación de registros Akásicos, que nos ha proporcionado conocimientos inesperados sobre anteriores reencarnaciones. La conversación derivó poco a poco hacia experiencias de conciencia no ordinaria. Antonio, prudente también ante las creencias no científicas, me contó un caso extraordinario de salto espacio-temporal que me dejó alucinado. No es para menos:

“Una pareja de conocidos suyos viaja entre Espejo y Badajoz. Este viaje entre su pueblo y la capital lo realizan con relativa frecuencia. En dichas ocasiones acostumbran a parar, para repostar, en una gasolinera que se encuentra a medio camino. El día declina cuando se desvían de la carretera y se dirigen a su gasolinera habitual.

Mientras se aproximan, comentan que no parece la misma de siempre, que está como envejecida y estropeada. El encargado es un hombre al que no han visto antes. Hablan con él y descubren que se hallan en un lugar de Perú. Sí, en Sudamérica. El resto del relato lo obvío pues se refiere al esfuerzo de la pareja por regresar a España tras reunirse con el embajador español y atender todo tipo de interrogatorios sobre si habían tomado un barco o un avión”.

Antonio.- Entre estos y otros temas discurría la conversación, en la agradable y preciosa Plaza de la Iglesia de Santa María. Al levantar la vista divisábamos las palmeras, y sobre ellas, “El Castillo de Santa Bárbara", sobre el monte Benacantil, con su “Cara del moro” por la similitud del perfil de la misma con el del rostro del Califa, cuyo turbante es coronado por las torres almenadas del castillo.

Palmera y vista de “La cara del moro” en el Monte Benacantil.
En su cima el Castillo de Santa Bárbara.
La palmera es un emblema de Alicante y su provincia. Según la tradición, todas las palmeras de España descienden de una que plantó Abderramán I con sus propias manos en el jardín de su palacio de Córdoba.
Los versos de Miguel Hernández, El silbo de afirmación en la aldea, nos servirán de evocación para el loor de la palmera en estas fechas.








Alto soy de mirar a las palmeras,
rudo de convivir con las montañas...
…Como una miel muy lenta destilada,
por la serenidad de su caída
sube la luz a las palmeras: cada
palmera se disputa
la soledad suprema de los vientos,
la delicada gloria de la fruta
y la supremacía
de la elegancia de los movimientos
en la más venturosa geografía…

Pedro.- Dejamos la plaza de Santa María y comenzamos a pasear por la Rambla hacia calle Castaños, calle céntrica peatonal plagada de terrazas turísticas. Allí nos conduce Mónica para que cenemos en plan picoteo. Nada de bocata de caramales, que aquí no se acostumbran servir de tal guisa.

Interrumpimos las conversaciones a dos bandas para elegir terraza, mientras los solícitos camareros de unas y otras nos ofrecen sus mesas a cada paso. Ya instalados, pedimos una bandeja de quesos y jamón de bellota junto a una ensaladilla rusa y unas patatas bravas, todo ello acompañado de unas cervezas Radler. La charla se ha vuelto más personal y Antonio me participa sus actuales lecturas, proyectos y ocupaciones. Le pregunto por su galería fotográfica en Internet y me contesta con absoluta modestia que él suele hacer “apuntes fotográficos de la realidad” para luego recrearlos y trabajarlos con un procesador PSP. Le contesto que sus fotos son artísticas y espectaculares más allá del procesado fotográfico con el que remata sus capturas.

Mencionaré, ya que es para mí un tema sensible, que retoma actividades con el Grupo Poético Manantial del que fue cofundador y director de su Revista, y que está trabajando en un proceso de investigación, Egabro, la ciudad literaria, que se editará en un libro; y en otro, titulado Aquel muchacho, (dentro del corpus novelístico Fantasmones amarillos) de relatos autobiográficos. ¡Ya estoy impaciente por leerlos y aún están a medio redactar!

Antonio.- Me preguntas por mi fotografía, Pedro, y te explicaré el triple proceso de creación que he llevado a cabo: primero trabajé con el carrete tradicional de distintas ASA de revelado y su traslación al papel. Más tarde me interesé por el mundo de la diapositiva, pues pienso que es la auténtica fijación en el cliché de lo que ves y de lo que trabajas personalmente. En la actualidad, desde que apareció el mundo de lo inmersivo de la cámara digital, tomo apuntes fotográficos de la realidad y de ese mundo que lo aparentemente físico tiene detrás y qué sólo los poetas y los fotógrafos advierten; luego llega el momento de la recreación de esas imágenes a través de la ayuda que te ofrecen los distintos procesadores; es como disponer de un laboratorio personal.

La fotografía es la rúbrica de la luz en las cosas, la escritura de la sombra en contraposición a ella misma o hacia la luz y viceversa…  como su propia etimología indica: Φωτοs = luz + γραφία = escritura...

Pedro.- De camino a la última terraza donde vamos a sentarnos, Censi y Mónica visitan juntas los puestos de artesanía del Paseo de la Explanada. Comentamos que parecen amigas de toda la vida.

Ya instalados en la terraza del Peret, Mónica me disuade de tomar café granizado con bola de nata. ¡Pero si sólo es la una de la noche! En fin, me resigno a tomar una limonada, tan fuerte que ni el sobre de azúcar ni el agua que me suministran me facilitan suficientemente el bebedizo. Censi se animó con un cubata de ginebra y Antonio con una copa de helado, que al final no pudo terminarse. Mónica, tomó un sorbo de mi agua, evitando el exceso (para ella) de la copa nocturna.

Antonio me propone la lectura de un artículo-ensayo, publicado en la Revista “El Paseo Cultural” que escribió hace tiempo, Satanismo, blasfemia y homosexualidad en García Lorca, en el que desvela vivencias y experiencias desconocidas del mítico poeta granadino. Está dispuesto, incluso, a hacérmelo llegar por correo ordinario. De nuevo quedaré en deuda con él, pues no hace mucho me regaló sus dos libros poéticos: Rumor de cinta que ondea y Los paisajes y el amor, enviándomelos por correo. Por otro lado nos aconseja la visita nocturna de la Mezquita-Catedral de Córdoba, y está dispuesto a coincidir con nosotros para volver a disfrutar la experiencia. (Post data: recibí la revista, el artículo es genial).

Antonio.- Tranquilamente acomodados en la terraza del “Peret”, tomando los últimos refrescos, y continuando con nuestras conversaciones variadas esta vez a una sola banda: Mónica, Censi, Pedro y yo, divisamos frente a nosotros, por el lateral del Puerto, una curiosa escultura, “El regreso de Ícaro con su tabla de surf” de la escultora Esperanza O’rs (1999). Ícaro, joven desnudo que parece caminar sobre las aguas y se encamina a la “Escalinata de la Reina”.

El regreso de Ícaro con su tabla de surf, de la escultora Esperanza O’rs (1999)
Esta escalinata se llama así en honor de la reina Isabel II, que estuvo en Alicante en mayo de 1858. Vino a este lugar en tren, cuando se inauguró la línea del ferrocarril Madrid-Alicante. Desde entonces esta ciudad del Levante Español fue creciendo en prosperidad.

Pedro.- Abandonamos la terraza y decidimos acompañar a nuestros amigos Censi y Antonio hasta su hotel. Al llegar, descubrí que el parking estaba cerrado. Fui hasta el cajero del mismo y le comuniqué al encargado mi problema.

- El parking se cierra a la una y media –me comunicó el uniformado encargado- Pero no se preocupe, en cuanto pague el peaje yo le abriré el candado de la entrada.

- ¿Y qué hora es?

- Las dos menos cuarto.

     Pagué, me abrió y me dio algunas instrucciones para alzar la barrera a la salida del parking.

     Tras una larga despedida de nuestros amigos, les confieso que me saben a poco las cinco horas que hemos pasado juntos. Pero todo debe seguir su cauce y tras los besos y abrazos nos dejamos ir cada mochuelo a su olivo.

     Con la cabeza y el corazón rebosando emociones nos dirigimos con nuestro coche a la salida. La magia del código de barras no funcionó y hube de recurrir de nuevo al encargado. Éste, tras comprobar que no nos habíamos excedido en el tiempo dedicado a despedirnos, me acompañó hasta la barrera.

- Debe usted aproximar el coche al poste del lector. Yo le pasaré el recibo con el código de barras.

- Gracias. –Esta vez funcionó la magia electrónica y se abrió la barrera.

     De regreso a nuestra vivienda en Mutxamel fui pensando en el compromiso adquirido de escribir un borrador del reencuentro. Antonio y yo al alimón, habíamos decidido dejar constancia así de nuestra amistad atravesando el tiempo y el espacio, en una fantástica pirueta de afecto y complicidad.

     Gracias, una vez más, al cielo que nos ha dado la oportunidad de vivir esta impagable experiencia, impensable hace tan sólo un par de años.

Pedro Calle Ballesteros y Antonio Roldán García.
Alicante, mes de agosto del año 2017.  

lunes, 4 de septiembre de 2017

CRONICA DE LA REUNION DE LOS VICARIANOS CORDOBES

EN NUESTRA SEDE-PARLAMENTARIA (por esta noche) DE LA SOCIEDAD DE PLATEROS DE LA CALLE SAN FRANCISCO DE CÓRDOBA

Hay quien dice que el tamaño, sí importa. Otros opinan lo contrario (cosa normal en nuestro grupo) También −abusando de aquella capacidad que adquirimos con eso de la “lógica filosófica”− usurpo y parodio, para este propósito, la expresión: “no por mucha más gente, se hace más interesante una reunión”


De esta forma, he llegado a donde quería. 

Y es que Carlitos, que no sólo se presta al reportaje fotográfico, dijo en un momento determinado (lo que viene a demostrar que su “proceso deductivo”, tambien funciona a las mil maravillas):

−¿No os parece que la forma como ha llevado la reunión esta noche, Antonio Martínez, ha sido todo un acierto?

Todos los presentes asentimos al momento.

Ahora veréis el por qué:

Una vez sentados, tomó la palabra Antonio Martínez:

−¡Que hable el diputado por La Alpujarra (Manolo Sepúlveda) y nos cuente lo acontecido durante sus vacaciones!

Manolo, obediente como es su normal carácter, se puso manos a la obra. De esta manera, fuimos desgranando, con expresiva elocuencia y alegría, los aconteceres de nuestras andanzas por tierras lejanas. Todo se realizó con una especial atención y sin esas efusivas elevaciones de voz, normales en nuestras reuniones. ¡Qué maravilla, nos escuchábamos sin interrumpir! Poco a poco la venia fue pasando de unos a otros y supimos de todos. Aquí cobra sentido, aquello de Parlamentaria; la afirmación de Carlitos y las elucubraciones del que suscribe. Tampoco quiero con ello, menospreciar, las entusiastas reuniones que normalmente mantenemos. En la variedad está el gusto y pretendo resaltar que el número, en este caso, no importa.

Hicimos un inciso para dar la bienvenida a Jenny. Nuestra alegría se hizo patente, al sentirla entre nosotros y palpar el aprecio que nos tiene. Aprecio, por supuesto, mutuo. Supimos que van a intervenir, nuevamente, su maltrecha rodilla. De lo que le deseamos toda clase de ventura. Daremos oportuna cuenta cuando el hecho se produzca.

Se habló de lo bien que lo están organizando los señores de Dos Torres y de los manjares con los que nos van a agasajar.


Asimismo, nuestro querido Rafa Vilas, por teléfono, nos adelantó la primicia, acerca de la reunión del próximo año. Será, salvo mejor criterio o consenso de todos, para mediados de abril. Ya se avisará el día definitivo, pero esto se dice con el fin de ir tomando conocimiento de la fecha e ir haciendo reserva del día.


No, no, aún no he terminado. Queda hacer mención al alimento corporal. Como era de esperar, el palique nos abrió el apetito y claro: bocata de caramales, atún con tomate y ese plato de verdura con guarnición de gambas rebozadas. Eso nos dio fuerzas para seguir con tan amena intervención de los diputados. Claro, entre cal y cal, arena: le dimos también repaso a los últimos acontecimientos, pero de forma sosegada.

Rápidamente, el tiempo se nos echó encima. Llegó la hora de la despedida y cada “mochuelo a su olivo”. Por cierto, esta vez fue real, ya que incluso esos trasnochadores, gente incansable, también nos fuimos a nuestras casitas.

Será hasta la próxima.

Mientras tanto, cuidaos mucho.

Córdoba, 31 de agosto de 2017

Andrés Osado Gracia

martes, 1 de agosto de 2017

Crónica de la reunión del mes de julio en la Sociedad de Plateros

UN NO CUALQUIER 27 DE JULIO

Espero no osar, al hacer de sustituto de Osado, que hacer dicha cosa sería emularlo. No pretendo, Sólo intento hacer lo mejor que se una aportación al grupo sobre lo que aconteció ayer.

Y llegó el 27 de julio, con su calorcito y todo, creyendo que íbamos a ir menguados, por los anuncios de imposibilidad de asistencia, y por la separación de algunos, pero, ¡qué va! Allí se presentó nuestro reportero gráfico Carlos Samaniego, a pesar de que había anunciado que no, con cámara en ristre, y nuestro amigo Sepúlveda, que venía de La Alpujarra, acompañado de Antonio Luna y Compañeras.

Un día en el que habían anunciado su presencia cinco Damas, aunque el final fueron cuatro las que complementaron nuestra habitual mesa de hombres, y a las que las ya mencionadas, se sumaron la compañera de Paco Sánchez y de nuestro querido Andrés Luna.


La cosa comenzaba esperando porque los más tempraneros se encontraron "Plateros" cerrado. Algunos habíamos madrugado más que el tabernero. Tan pronto nos abrieron las puertas, al igual que tropel, invadimos el local presurosos.

Nuestras primeras miradas para la "vitrina", no sólo para ver lo que ya había, por parte de quien no la había visto, sino para hacer las aportaciones que llevaban, tanto Antonio Luna, Rafael Vilas, como Manolo Sepúlveda.

Y a sentarnos en la mesa a degustar, en primer lugar los caldos, etc., a lo que no tardaron en llegar los famosos bocatas de atún, jamón, calamares, ah! y por supuesto las verduras con guarnición de gambas con gabardina. Y lo más importante, nuestras conversaciones de vivencias, antiguas, diarias, viajes, etc., etc.


Transcurriendo el tiempo, muy temprano también se nos presentó, aunque en su convalecencia, en la bicicleta, "El Volaor"

Continuamos con nuestras distintas degustaciones, tanto de comida como de bebida y conversacionales, hasta que poco a poco se fueron produciendo las despedidas de cada cual, cantando bajito hasta sus destinos oportunos, lo que no quiere decir que fuese a casa.

¡Hasta la próxima!

Córdoba, 27 de julio de 2017
Paco Nieto

lunes, 3 de julio de 2017

CRONICA DE LA REUNION DE LOS VICARIANOS CORDOBESES

EN NUESTRA SEDE DE LA SOCIEDAD DE PLATEROS


Córdoba, 29 de junio de 2.017

Afortunadamente la tarde resultaba fresquita. La calor había surcado, aguas abajo, por nuestro “río caudaloso”.

A eso de las 20 horas, un coche, se detuvo frente al Potro. Penosamente pero alegre, salió un “joven” (ya no estaba inclinado hacia adelante) apoyado en un bastón. Allí había quedado con él.

−No se lo digas nada a nadie, quiero ir a la reunión, pero que sea una sorpresa –me dijo Antonio Martínez, el día anterior.

Me dio mucha alegría verlo y comprobar su fuerza y deseos de estar con los amigos. Como fiel lazarillo, tendiendo cuidado de que no tropezara con las grandes planchas graníticas que pavimentan los alrededores del Potro, fuimos desgranando los pormenores de su recuperación, hasta que llegamos a Plateros.

Menudo recibimiento dispensaron a Antonio Martínez, todos los allí ya congregados. Nos habían preparado una habitación para nosotros solos: la que está situada a la derecha del salón. No era para menos, pues desde ese día, iba a convertirse en nuestra Sede Vicariana.

Rápidamente, tras un breve calentamiento de la “sin hueso”, nos pusimos manos a la obra. ¡Que alegría daba ver aquellas caras! ¡Como niños con zapatos nuevos! Esta vez no teníamos espectadores, que se quedaran pasmados, al ver tanto ímpetu. 

La primera ronda de bebida fue muy bien servida por nuestro, poco habitual, amigo camarero. Sí, en esta ocasión nos tocó, el insigne hombre de la triste figura. Todo iba a pedir de boca pues con su lápiz en ristre, iba anotando lo que cada uno deseaba y así lo sirvió. Lo malo fue cuando nuestros estómagos comenzaron a dar señales de advertencia. Como nos pasa siempre, con nuestras conversaciones nos habíamos olvidado de lo más importante: de los camarales, el atún y los platos de ensaladas con acompañamiento de gambas rebozadas. Nuestro, sin par, amigo camarero, desde ahora lo llamaré Juan, se aprestó a mostrar sus armas. Pero esta vez observé que su rostro había cambiado. Su natural apariencia, tornó hacia el congojo (eso que llamanos… con los… al cuello) Al verle así de “mudado”, y comprobar que su letra más bien se parecía a los jeroglíficos o escritura del Al-Ándalus, le pregunté qué le pasaba.

Estoy sólo y no puedo con todo, me estoy liando –fueron sus palabras, expresadas con un tono lacónico.

−Andrés, por qué no le echamos una mano –dijo Manolo M. Medrán, que estaba al quite.

A nuestra pregunta de si le podíamos ayudar, Juan, como haba tostada, de un brinco, nos cedió los trastes. Así lo hicimos y tomando nota de todo, se la entregamos. Poco a poco, como pudo y con algo de ayuda, nos sentimos servidos. Juan había cumplido.

Afortunadamente, Jenny, se presentó. Traía en sus manos el libro, de nuestros cantos religiosos “Cantoral Gregoriano Popular” y dos fotos en las que aparecía Andrés, que muy amablemente cedió. Fue un momento muy emotivo, aparte de alegre por encontrarse entre nosotros. Pero aún se elevó el clima de sensaciones, cuando con la presencia de su hijo Andrés, inauguramos la vitrina que, alguien anónimo, había cedido para que se constituyera en el “Arca Vicariana de los Recuerdos”. Pues bien, entre Jenny y Andrés, sabedores de la solemnidad de lo que en esos momentos se estaba realizando, abrieron la puertecita e introdujeron, con unas conmovedoras muestras de cariño, el libro y las fotos. Así quedó formalizada nuestra Sede. Ahora sólo queda ir llenándola con nuestros sentimientos, hechos realidad. Desde aquí, nuestro agradecimiento a esa persona anónima y a la voluntariedad y eficacia de nuestro Manolo Sepúlveda. Todo quedó con un sincero aplauso, interiorizando un recuerdo muy especial hacia Andrés, al que sentimos allí presente, al igual que hacia todos los que constituimos este gran grupo de vicarianos.

“En la Sociedad de Plateros, de la calle San Francisco, de nuestra ciudad de Córdoba, el día 29 de junio de 2017, festividad de los Santos Pedro y Pablo, quedó constituida nuestra Sede Vicariana y en prueba de ello y conocimiento de toda la Humanidad, quedó instalada una Vitrina de Recuerdos”

Fuera de nuestro habitual sentido de lo jocoso, fue un momento muy entrañable, del que espero haberlo mostrado en tan pocas letras. 

Como toda puerta tiene llaves, llegó el momento de formalización del guardián de las mismas: Manolo Sepúlveda, entregó una a Antonio, el dueño de Plateros. La otra se la entregó a Carlitos. Este, con buen criterio y celeridad (al igual que para hacer el reportaje fotográfico) se la entregó a Pacomo (buen guardián por cierto) La cuestión era bien sencilla, su voz y su corpulencia, daban suficientes muestras como para ser un eficaz “Guardián del Arca”. Pensó, además, que al vivir tan cerca, no la perdería de vista (bueno, esto me lo he inventado. Lo cierto es que al estar cerca, cualquiera que quiera llevar algo para guardarlo, lo pilla muy cerquita) Yo pienso: Paco Sánchez será el Pontífice de la pasta, pero el que realmente tiene las llaves es Pacomo. ¡Ahí es ná! ¡Otra bicefalia!

Es de agradecer la presencia de los allí reunidos, pero quiero hacer mención especial a la de Rafael Raya, Paco Molina y como no, a la de Antonio Martínez (bueno y si me pongo yo, ya somos “los tres margaritos”) Gracias a todos.

Como siempre, poquito a poco o “des-pa-ci-to” empezaron a sonar los abrazos, besos y el hasta luego. Bueno, menos para los que no tienen arreglo. Esos adictos en trasnochar. ¡Y esta vez fuimos más!

Nos fuimos a la Barbería, no a que Pacomo nos cortara el pelo, sino a apurar un ratito más el tiempo. ¡Y qué bien nos recibieron! Un alegre camarero (como debe ser) hasta nos tomó como a un grupo de amigos que estábamos celebrando una despedida de solteros. ¡Ole y ole por el chaval! La verdad es que dábamos el pego, o más bien nos tomó el pelo (por aquello de la barbería) Echamos un buen ratito y esta vez sí. Nos fuimos. 

No pongo el nombre de los asistentes, ya que con las fotos se puede ver perfectamente quienes éramos. 

Gracias Carlitos y Pacomo por las fotos.

Que tengamos todos mucha salud. Un abrazo
Andrés Osado (2 de julio de 2017)